sábado, 31 de diciembre de 2011

Lo mejor que me ha pasado en este 2011 es saber que ya se acaba:

Ahora que el año se va, toca ahogar las penas justo antes de afrontar un nuevo vaivén de 366 días sin casi tiempo para pararse a pensar. Yo ahora lo hago y se me vienen a la mente cuantiosos enigmas sin resolver.
Pero no me importa, juro solemnemente y pongo a las palabras por testigo de que, esta noche cuando deambule meditabundo y confundido por el acuoso sabor del alcohol, me acordaré de cómo olvidarte y pensaré en tu cara como un evento pasado. No querré saber nada de ti. Y entonces me iré al baño para mirarme en el espejo y darme unas palmaditas en la espalda para saludar al nuevo Alejandro.

miércoles, 28 de diciembre de 2011

Se busca.

Se busca chica con la capacidad de fabricar mariposas en el estómago ajeno. De esas que te miran sin buscar una cara bonita, sino simplemente con la idea de encontrar un rostro con el que reír en los buenos momentos para luego besarlo en las adversidades.

jueves, 22 de diciembre de 2011

Là- bas!

Más allá del punto exacto donde mis sentimientos se vuelven algo más que una parte de lo rutinario, vive ella.

lunes, 12 de diciembre de 2011

Lo hice, para nada:

Ahora ya sabes lo que es amar a una persona con todas tus fuerzas.
No lo digo por ti, lo digo porque has visto cómo te he amado yo.

miércoles, 7 de diciembre de 2011

Tengo una máquina del tiempo.

Hoy me ha ocurrido una cosa muy curiosa. Me he puesto a revolver un viejo papeleo que tenía escondido en la alacena de mi habitación, hallando con grata sorpresa textos que yo mismo había escrito en mis quince y dieciséis años.
He estado un par de horas leyendo todos y cada uno de mis escritos dándome cuenta de que con el paso de los años he empeorado en mi arte literario, tal vez a causa de que por aquel entonces mi inocencia era mayor y mis letras más puras y verídicas.
Mis textos también me han provocado un alivio suave en el vientre, por un momento me he sentido en calma al leer todas y cada una de las oraciones que escribí en mi juventud para alentarme a mi mismo y, unos cuantas años después, aún seguían teniendo ese sabor a tranquilidad.
Hoy me siento algo mejor de mis problemas gracias al Alejandro del pasado, por sus escritos morales, por sus reflexiones profundas, por esa itinerante prosa que vagaba entre la cumbre de lo idílico, buscando soluciones a la ausencia de una mujer que le quisiese sin ánimo de tirar del pasado, porque al fin y al cabo esa palabra denota un hecho pasado e irrecuperable.

lunes, 28 de noviembre de 2011

No sé muy bien qué decir:

Nunca escribo por gusto. Lo he dicho millones de veces. Cada vez que lo hago me mueve una intensa necesidad imperiosa que no puedo eludir.
Cuando tengo en estado de inquietud un sentimiento, un pensamiento, cuando intento inventar el futuro o reeditar mi pasado hablo con mi boli y él procura alcanzar la belleza literaria.
He dicho que nunca escribo por gusto.
Excepto hoy.

sábado, 19 de noviembre de 2011

El Hombre es iluso por naturaleza:

Lo he estado pensando seriamente y, si yo tuviera un perro, le hablaría en francés. El español no se entiende bien, es un idioma muy confuso y ya bastante confusión tienen los pobres chuchos persiguiendo su propio rabo como para que les demos ordenes en una extraña lengua. Además, el otro día me percaté de que, en ocasiones, el melifluo balbuceo del habla francesa se asemeja a la peculiar sonoridad de un ladrido perruno.
En casa cuento estas ideas mías y me dicen que estoy loco de remate. Y yo les digo que estoy de acuerdo. 
A veces se me ocurren otras cosas y a mi padre le hacen gracia. Yo no lo entiendo, no eran ningún chiste. Tal vez soy un pobre incomprendido o un ser amordazado por la vesania de tantas experiencias desastrosas. 
No me gusta nada cuando mi padre me dice que soy un iluso. Esto suele ocurrir ya cayendo la noche, cuando le entra la corazonada de que le va a tocar la lotería y se sienta en el sofá, frente a la tele, a contemplar su suerte rodando en forma de números. Siempre me promete lo mismo si la suerte le sonríe: un coche para ti, Alejandro. No se entera. Yo no quiero un coche. Me ofrece su fortuna en forma de trasto de hierro y yo me siento a su lado con los labios apretados y un zumbel de ira en la cara: yo quiero una canoa. 
Afirmo esto como en un susurro y a mi padre le entra la risa. Él es un tipo demasiado simple como  para entenderme, para entender que mis pies son el mejor medio para llevarme a cualquier parte excepto por encima del agua: ¡por eso quiero una canoa! Porque en la calle hay miles de personas y mi sueño es llevarle, a ella, a cualquier lugar a la deriva flotando entre el valls de las aguas. Que yo reme y ella me haga cosquillas en la espalda o me bese la nuca. Pero esto mi padre no lo entiende. Tampoco entiende que aún siga enamorado de ella. Me dice que acepte que ya se ha acabado, que no hay nada más que hacer. Es en esos momentos cuando veo en sus ojos al hombre que cada noche espera que le toque la lotería y pienso que tal vez soy un poco como él: un iluso que espera con ansia que algo ocurra aún a sabiendas de que las posibilidades son mínimas. Pero ojo, si ella volviese a mis brazos, nunca le ofrecería algo sencillo, simplemente le daría felicidad en estado puro, algo que la gente prácticamente tiene ya olvidado.

miércoles, 16 de noviembre de 2011

Cosas que traen de cabeza a quién todos decían que no tenía.

- Si calculases todos los segundos que gastas pensando en ella, te deprimirías por el tiempo perdido.
- ¿Crees que soy tan fácil de deprimir?
- No, creo que piensas demasiado en ella.

martes, 15 de noviembre de 2011

Sabes que estas cosas pasan.

Soy tan torpe que, al intentar secundar la teoría que afirma aquello de que un clavo saca a otro clavo, he clavado cuantiosos clavos alrededor del tuyo.

domingo, 13 de noviembre de 2011

Lo que toca.

Y volver a hacer amigas hasta en el infierno, y que en ese infierno acabes dormido. 
Despertar en un lugar remoto, sobre una cama ajena y abrazado a una tal anónima. 
Odiar la luz de la mañana, y reprochar entre murmullos que la ventana no pueda frenar un pequeño rayo que te perturba.
Quedarte anonadado pensando qué es lo que ha ocurrido: y asi poder reirte de tu puta vida.

viernes, 11 de noviembre de 2011

Diciembre es gélido si te ausentas. Ocurre lo mismo en Julio.

Cuando solía cerrar la puerta de tu habitación con sigilo, para que tu padre no se despertase, enmudecías cada vez que te susurraba vocablos inertes en lengua francófona.
Sentada en la cama apoyabas tu espalda contra la pared y mirabas desde la distancia cómo iba hacia ti andando de puntillas.
Siempre llevabas un extraño mejunje de colores como atuendo, y una sudadera bastante holgada por la que solo sobresalían tus finos dedos. La noche la llevabas en la mirada y el día en tus sonrisas ocultas.
Llevabas en tus labios mariposas que cuando me besabas revoloteaban en mi estómago.

miércoles, 9 de noviembre de 2011

No sé si me explico:

Solo se me ocurrió saciar mi furia con algo que me revitalizara: el alcohol, veneno corrosivo pero eficaz en los malos momentos. Eché unos hielos como trocitos de mi ser para enfriar aquel soso líquido que pronto acabó por embriagarme. 
Y cuando ya no quedaba ni una gota de este maléfico veneno, comprendí por qué mi cuerpo se estremecía cada vez que ella se acercaba a mí como si una ventolera de frío me hubiese azotado.
Comprendí que su alentadora conducta me había dejado helado, y que solo me salvaba de mi propia hecatombe su actitud de mujer fría y calculadora. Yo era un ser de hielo, ella esa frialdad que me mantenía con vida.
Así pues, al igual que cuando el frío se aleja del hielo de él brotan gotas producto del derretimiento, cuando ella se alejaba de mí brotaban gotas de mis ojos, fruto del derretimiento de mi helado corazón.

lunes, 7 de noviembre de 2011

Pues eso.

Podría ser el hombre más cansado del mundo, el más enteco, haber perdido una pierna, un brazo, o la razón (o lo que sea), y aun así, lo que estaría claro sería que, si tu me lo pides, voy a buscarte al fin del mundo aunque solo sea para decirte "hola" o para recordarte lo guapa que te has levantado esta mañana.

domingo, 6 de noviembre de 2011

¿Tu no lo haces?

Añoro aquel tiempo en el que disfrutar un segundo juntos era lo suficiente para que los dos fuésemos felices, donde arrancar un momento de complicidad mutua era una ardua tarea que realizábamos sin quejumbre alguna; un tiempo donde no existía mi felicidad, existía TÚ felicidad, y a mi, con eso, me era suficiente para vivir tranquilo.

Hola y adiós.

La chica de la biblioteca es la misma de siempre, la de la piel clara y los ojos oscuros. La que me mira a urtadillas y examina mis apuntes, la que le tiembla el labio cuando le devuelvo la mirada. La que tiene las manos pequeñas y acaricia las vetas de la mesa con un gesto distraido. La que me susurra para que no le oiga, la que sonríe en mi quejumbra. La chica de la biblioteca es castaña y tiene los ojos marrones y no duda cuando me dice: me gustas.

jueves, 3 de noviembre de 2011

Terapia de choque:

Decididamente no nos enamoramos de las personas sino de los recuerdos.
De lo contrario, ¿cómo explicas que por mucho daño que nos haga la persona a la que amamos no dejemos de quererla? Muy fácil: por los recuerdos, por los instantes compartidos, por aquellos momentos juntos que hicieron de tu vida una vivencia única.
Tal vez el amor triunfe cuando aprendamos a enamorarnos de la cara bonita de menganita, de sus buenos actos, de sus buenas intenciones, de sus ganas de abrazarte y entregarse a ti íntegramente, haciendo inexistentes las adversidades.

miércoles, 2 de noviembre de 2011

C´est la fin d´une histoire:

Cuando estoy triste acostumbro a hablar en francés.
Et maintenant je me demande moi même si ce tout vaut vraiment la peine...

martes, 1 de noviembre de 2011

Pienso luego existes:

Donde hubo fuego aún quedan ramas y cenizas que un soplo de esperanza puede avivar de repente.
Y volver al pasado en un presente soñado. Crear una nueva vida. Empezar lo ya olvidado. Encontrar el porqué de nuestras palabras del pasado, de nuestros "te quiero" cautivos; encontrar una razón para existir, una razón para sonreír sin remordimientos. Una razón para besarnos como nunca y querernos como siempre.
Son deseos. Deseos que arden. Deseos que queman. Imágenes del pasado, que aparecen en cada esquina de esta pequeña ciudad, en cada recoveco allá donde mis pasos me llevan, en cada estancia de mi cuerpo dormitante, se amarran mis lagrimas sobre mis ojos, se atascan mis palabras entre mi lengua para evitar evocar un pasado jocoso, risueño, infravalorado, sosegante en su momento, pero desamparante en un presente ya frustrado.
Oigo voces que me cantan. Gente que crea palabras maduras pretendiendo llevarme al olvido. Pero si tan solo un segundo de mi mente ella se borra, si tan solo un segundo es el tiempo que yace mi pasado en vida como un deseo ya perdido, entonces grita mi esperanza, a lo lejos, para recordarme que es un sentimiento que reanima mi cuerpo destrozado, en las noches en que en mi mente, los silencios, suenan como gritos.

sábado, 29 de octubre de 2011

Me debes un consuelo y no una explicación.

Las razones no me importan, los hechos son lo verdaderamente trascendente. Y si es la soledad la que se auna en el ambiente, si ella es la que disuade mis segundos abriéndose paso entre mis sentires, entonces, consuelame esta noche, hazme sentir tuyo. 
No me expliques por qué la noche es oscura cuando puedes alumbrármela solo con un abrazo.

miércoles, 26 de octubre de 2011

Por decir algo:

Estoy bastante cabreado con el amor. Al igual que con aquellos que se creen eruditos en el arte del ingenio. Hablo de los hombres que me dan la mano mientras aclaman que me identifique. Entre su verborrea alzo mi mano y la estrecho con las suyas mientras pronuncio bien claro: Alejandro Mármol, y me presento. Justo al instante siguiente, ya puedo percatarme de sus miradas instruidas en el arte de la ironía y acuden al chiste fácil. No tanto ingenio por favor. Cualquiera de ellos se atusa el pelo mientras que, mirándome a la cara, afirma con expresión risueña: "¡Anda, como el de los picapiedra!" Para entonces yo ya he puesto en mis ojos una mirada plagada de desdén y he clavado un fuerte "¡No!" sobre su irónico rostro risueño. Ante mi exclamación negativa, uno de ellos ha hecho arduos y afanosos cálculos para denotar cual era la estancia de su error. Pero yo soy rápido y siempre me percato de las miradas confusas, por eso añado: "Como el de los picapiedra no, como mi padre". Quien ríe último, ríe mejor.

domingo, 16 de octubre de 2011

Ironía como solución, hoy también:

He intentado hacer un último esfuerzo, luchar por lo que verdaderamente me importa que eres tú. Pero para nada. Es imposible volver a irrumpir en tu corazón como hice tantas noches como me pediste mi presencia. Ya no hay nada que hacer. Es imposible volver a tenerte conmigo. Recuperarte es más difícil que ganar a Dios a Los Sims.

viernes, 14 de octubre de 2011

Ironía como solución:

Qué duro es reír cuando quieres llorar, qué duro es olvidar cuando quieres amar, qué duro es abandonar cuando quieres luchar  y qué duro es apellidarse Mármol y ser un blandengue.

miércoles, 5 de octubre de 2011

No quieres darte cuenta.

Yo he intentado darlo todo por nosotros, cumplir todos tus deseos, satisfacer todas tus apetencias, claudicar ante todas tus insistencias. Sin embargo, tú te has conformado con hacerlo bien de vez en cuando. Y eso no es suficiente. Hasta los relojes parados dan bien la hora una vez al día.

viernes, 30 de septiembre de 2011

Solo frente al papel, puedo jugar a ser Dios.

Cuando escribo soy capaz de parar el tiempo, incluso de evocar el futuro. Agarro los momentos con fuerza y los moldeo a mi antojo, les doy una forma u otra. Puedo hacer que una triste realidad se esfume, que en mi papel solo abunden sonrisas. También sé como crear un día nublado, conjurar repentinamente la salida del sol, sentirme inundado por un calor complaciente o un frío incómodo.
Soy un Dios sobre el papel. Si quiero muere gente y si me aburro hago que otros nazcan; puedo hacer que una semilla de manzano crezca y dé manzanas en tan solo seis segundos. Cuando me quedo en blanco, emborrono la hoja con vocablos extraños creando una realidad confusa. Por las noches puedes incluso pillarme melancólico; en esos momentos acostumbro a hacer cosas imposibles como crear mujeres que me amen y yo a ellas. Si no sé qué escribir pienso durante un rato, me quedo en silencio, contemplando detenidamente la realidad vivida para transformarla en una ilusión en tinta, cojo aire y, risueño, construyo castillos en mi propia habitación, invento a mujeres que jamás he visto o arruino a hombres adinerados.
Algunos días juego a ser una mera realidad ficticia. Me transformo en un personaje inventado, cambio a mi gusto mi cuerpo e incluso puedo volar por la ciudad. ¡Me encanta pisar el cielo como si fuese arena!
Puedo cambiarlo todo, empeorarlo todo o mejorarlo todo, menos su belleza, que es inconmensurable.

viernes, 23 de septiembre de 2011

Supongamos tonterías.

Pasarán los años, y tú seguirás besándote con desconocidos, aumentando mi lista de enemigos, haciéndome creer que mi vida no es más que un mal sueño. Muchos de ellos te harán feliz, pero sé a ciencia cierta (conozco muy bien a los hombres) que pronto te romperán el corazón, amordazando tus palabras, envolviéndote en la mayor penuria que existe.
Y con el tiempo verás que por muchos años que pasen, por mucho dolor que me causes, yo estaré siempre aquí, esperando a que te des cuenta de que podemos jugar a que yo soy un desconocido, y que puedes enamorarte de mí sin miedo a perder.

lunes, 19 de septiembre de 2011

Haciendo el Lelo por mucho más que diversión.

La segunda noche llegó con ávida presteza. Para entonces, el estremecedor mejunje que envolvía el suelo, no era más que un lugar sobre el que sostenerse y no apagarse en ganas. No importaba el astroso entorno o la precariedad en cuanto a comodidades, lo que realmente allí primaba era una agradable compañía y la escasa luz de medianoche. Desde que había llegado, la behetría, representaba un toque delicado a la par de desastroso, lo cual hacía más patente un verídico sentimiento de confianza, un sentimiento de aprecio que ninguno de los dos podíamos olvidar.
También había un corazón de luceros en el suelo, una camiseta abandonada junto a una vieja maleta y su cuerpo que yacía inmóvil sobre un colchón hinchable algo incómodo. Por allí cerca estaba yo, con la espalda apoyada sobre la fría pared, con la mente perdida entre un millón de divagaciones, con la extraña sensación de estar mareado por tantas vueltas que da la vida. Y, contemplando la delicadeza con la que dormitaba, sin dejar de pensar en su suave respiración de dormida, ni en ese pequeño lunar que tiene bajo la comisura izquierda de la boca, decidí que había llegado el momento de empezar a luchar, de entregarme, de preocuparme por aquellos que estarían dispuesto a hacer lo mismo por mí, dejando a un lado a todas aquellas personas que me importan, pero que en su vida ocupo el último peldaño en su elenco de prioridades.

martes, 19 de julio de 2011

Mi aventura sin ti,

Cierto día, casi sin darme cuenta, mi vida dio un vuelco de trescientos sesenta y un grados.
Se me cayó el mundo. Se me cerró el cielo. Caí del estado de Nirvana como quién levanta la mano diciendo " taxi ", como quién sonrie por no llorar.
Ante tales hechos, no enloquecí. Por suerte, no lo hice. Eso me dije cierta mañana, me levanté, me relajé y pensé: " todo irá mal, pero al menos no estoy loco". Cuando quise darme cuenta ya había caido la noche y estaba solo, en medio de la calle, cogiendo carrerilla para cabecear un buzón de correos. Si, bueno, cada uno gasta su tiempo libre como quiere. Estuve dos horas inconsciente, acurrucado junto a mi amarillo agresor, sin nadie que me ayudase. Cuando desperté me dolían los nudillos. La verdad es que había gastado la tarde dando puñetazos a todo ser inerte que me encontraba por el camino: puertas, paredes, ventanas, grifos (no os lo aconsejo)...
Peor me fue al día siguiente, si cabe. Mi madre se preocupó por mí y me dijo que me fuese a dar una vuelta para que me diese un poco el aire. No había dado ni tres pasos cuando me entró la locura: mis piernas querían correr y las deje, mi voz quería gritar y se lo permití, causé un caos entre la muchedumbre que me miraba con rostro contrariado, por un lado asustado y por otro compasivo con tal joven enloquecido.
Cuando volví a casa decidí que ya había besado a suficientes mujeres a lo largo de mi vida y me propuse un experimento. Quería descubrir qué podía resultar más peligroso: si besar a féminas anónimas o lamer enchufes. Justo entró mi madre en mi habitación cuando me encontraba encorvado hacía un enchufe, lengua fuera y ojos bizcos, dispuesto a tirar adelante con mi experimento.
Mi madre me dijo que estaba loco. Y yo le dije que estaba de acuerdo.
Con el tiempo incrementé mis locuras.
Pero por muchas locuras que hice ninguna llegó a ser tan arriesgada como la de amarte.

sábado, 16 de julio de 2011

¡Attention!

Lo que no nos cuentan de París es que el Senna huele mal. Tampoco nunca nadie se ha dado cuenta de ello porque la gente camina por la ciudad pensando en los Campos Eliseos o en la Torre Eiffel sin pararse a contemplar el extenso río.
A mi me ha pasado miles de veces lo mismo. Quedarme prendado de una cara bonita, de un rostro angelical, sin haberme parado a oler el dulce aroma de la maldad que se respira tras su buena apariencia.

lunes, 11 de julio de 2011

Le compte à rebours est lancé.

Y ahora me haces doblar el espinazo para alcanzar una palabra ya olvidada. Ésta palabra tiene cinco letras, tres vocales distintas, y un significado punzante para el corazón.
No recuerdo muy bien qué día descubrí éste ancestral vocablo, supongo que mucho antes de entender lo que significa la palabra amor o el sentir que dejan palabras como amistad, compasión, empatía o comprensión. Porque uno llega al mundo distante de los conceptos más nobles de la vida, pero siempre unido a la palabra que me refiero en cuestión, a ese decaer incontrolado de la confianza: el miedo.
Cuando en mi resuello hay dejes que suenan a tu nombre, oigo la violenta risa del tiempo eterno conquistando mi mente con un gesto de vehemencia marchita. Porque hoy es un día cualquiera, uno más en el que decirte buenos días y llevarte a dormir con un buenas noches, un día en el cual hay intransigencia en mis deseos y pensamientos, y me estoy llenando de ese angustioso miedo que hace que uno se entrevea asomado a un abismo caótico. Lo digo por los días que aún te tengo aquí, porque los mismos empiezan a poder contarse con los dedos de una mano; una cuenta atrás que para mí representa una locura incontrolable, un pesar: ya no queda casi nada para decirte adiós, casi nada para no poderte decir hola. Y luego seré yo el que hablará con los espejos, el que acabará vacío, como tu voz en primavera.

viernes, 24 de junio de 2011

Esta noche no vengas conmigo.

Lo primero, siempre soy yo el que acaba volviendo a casa a las tantas entre sollozos. Lo segundo, es porque te quiero.
Aún hay más.
Hay una mirada tonta reflejada en los escaparates de la ciudad, unos labios que anhelan los tuyos en los inestables ecos de esas mujeres que tanto gritan y tanto me molestan. Odio la histeria sin argumentos. También la soledad. Y luego resulta que suelo andar por las calles solo e histérico sin saber muy bien por qué. Dios mío, me odio a mí mismo.
La verdad es que no soy el único que me detesta. Hay un tipo con el cual me encuentro cada noche en el ascensor (justo cuando estoy pensando en ti) que no disimula su odio hacia mí. Es bastante maleducado. Suele gritarme insultos en francés (tal vez porque piensa que no le entiendo) y no duda en provocarme para que choque mi cabeza con el duro vidrio. Cuando me entran ganas de llorar no suelo mirarle, me da vergüenza y no puedo evitar resbalar encaramado a las paredes para acurrucarme en el suelo.
Al final siempre me gana y acabo llorando en cualquier rincón de mi cama. Porque, cuando llego a casa con el clarividente sentimiento de soledad, pienso en tantas veces que me has hablado de esa vida asquerosa que dices que llevas. Asquerosa es la muerte si llega tras una vida sin ti.

miércoles, 22 de junio de 2011

Soy idiota. Y me vuelvo más aún cuando me miras.

Me quitaron lo que más quería: a ti. Y lo peor de todo es que yo no pude hacer nada por evitarlo, solo poner cara de tonto y mirar como besabas a otro que no era yo, con la misma sonrisa chispeante que ponías cuando te alzabas de puntillas para clavarme un beso. Así fue como me enteré de que ese silencio al que me sometías tenía una razón clarividente: ya no me querías, ahora te morías por los huesos de otro, no querías saber nada más de mí.
Fue duro aceptar que había perdido la batalla, la guerra e incluso las ganas de vivir, pero lo peor llegó unos meses después, una noche de esas en las que yo aún te quería como el primer día y trataba de evitar las calles por las que sabía que pasarías de la mano de otro, besando unos labios que no eran los míos. Me hallaba yo, pues, plácidamente acurrucado sobre un escalón de un portal céntrico cuando tú llegaste envuelta en lágrimas, apesadumbrada, entristecida,... Te pregunté una y otra vez qué te pasaba, pero eras (y eres) demasiado orgullosa como para contarme que, ese hombre que habías puesto en tu vida en mi lugar, te había echado de la suya. Qué paradójico encontrarme contigo justo en esos momentos,... qué curioso que te fueses de mis brazos para buscar la felicidad en otra parte y ahora estuvieses llorando. Yo nunca te haría llorar.
Y entonces pensé en lo injusta que es la vida, en lo deplorable que resulta darse cuenta de que hay quién tiene lo que yo quiero y sin embargo no sabe aprovecharlo. Por qué narices hacen llorar a lo que yo quiero hacer feliz. Es frustrante no poder hacer nada al respecto

domingo, 19 de junio de 2011

Nosotros mismos somos nuestro peor enemigo.

Frente al espejo dije:
- Tú eres mi peor enemigo.
Y tras estas palabras se hizo un silencio incómodo que murió con el suave sonido de un movimiento fugaz y certero. Después, solo hubo confusión en el suelo: un charco de acidez pútrida envuelto en un color pasional y mortecino, cristales,dolor; un mar de pedacitos pequeños en cuyo interior se encontraba un reflejo diferente de la realidad; pedacitos que flotaban sobre el caudal de ira roja que brotaba desde mi puño...

viernes, 17 de junio de 2011

Los útlimos escalones del olvido.

Me siento identificado en su justa medida. Por varias razones.
Primero porque la gente habla del desamor como algo verídico y yo prefiero pensar que mienten, que, aquellos que insinúan que el amor se puede olvidar, son los mismos que aseguran que en otoño se caen las hojas. He visto árboles verdosos en pleno mes de octubre.
También he visto amores que siguen latiendo dentro del corazón sin importar cuánto tiempo haya pasado desde el último beso. Porque las hojas siempre acaban por salir de nuevo en los árboles, por eso, el amor siempre acaba volviendo a la mente cuando uno se acuerda de que en invierno hace demasiado frio como para no tener unos brazos que ofrezcan calor.

miércoles, 8 de junio de 2011

Mi vida es casi perfecta: solo me falta tenerte más aquí.

He de reconocer que me gustas bastante, incluso podría aventurarme a decir que te estoy empezando a coger cariño. ¡Qué narices! Que te quiero.

viernes, 3 de junio de 2011

Esta noche necesito de ti.

No me gustan las prisas. Por eso escribo estas palabras despacito, masticando, en cada instante que tecleo, mis más fieles propósitos.
En esta vida hay miles de batallas. Unas cuantas se ganan y otras tantas se pierden pero, pase lo que pase, uno siempre acaba encontrando consuelo en el mal ajeno. Nos alivia aquello de que "siempre habrá alguien más jodido que nosotros" y creemos ser felices por ello.
Éste lenitivo sin contraindicaciones nos lleva a una implicación infinita que nadie sabe dónde termina, pero siempre habrá, en alguna parte del mundo, ese alguien que sea el eslabón final de esa cadena de personas tristes. Y entonces pienso en ese pobre hombrecillo o fémina deprimida que está apocada a más no poder, y me pregunto las razones de su estado de desgana.
Me estremezco solo de  pensar que pueda existir alguien en un estado más deprimido que el mío propio, y me entristece más aún comprender que hay gente peor que yo. Y pienso que los hombres nunca vencen en la batalla de la vida, que quién siempre gana es el amor.

sábado, 28 de mayo de 2011

Nuestros lugares.

Lejos del ruido, los silencios saben a melancolía, las palabras a desorbitadas e inestables imprudencias. Luego me cuentas cosas al oído, en voz baja para no desestabilizar la tranquilidad, y se me pone la piel de gallina. Me agarras con fuerza, clavando tus pueriles dedos en mi costado, mirándome desde cerca con el estable brillo del nácar encerrado en tus ojos. Y entonces me acuerdo de por qué me enamoré de ti.

domingo, 22 de mayo de 2011

Inspiración se fue de vacaciones.

Por la tarde fui a nuestra calle favorita, esa cuyo nombre desconocemos y hemos apodado a nuestro antojo bajo vocablos que denotan nuestro amor. Cuando llegué, a eso de las siete, había la misma gente de siempre: Rosa, la quiosquera, estaba aburrida sobre su banqueta y Juan ya se había pasado todos los niveles del buscaminas en su viejo ordenador de mesa. Yo pasé por allí como otras muchas tardes y me preguntaron por ti. Se extrañaron de no verme contigo y creyeron que había pasado algo malo entre nosotros por lo que, Rosa, puso cara de echar broncas y te lisonjeó a más no poder, intentando convencerme de que no encontraré mejor mujer que tú en ninguna parte. Me hace gracia que te llame mujer con la pequeña que eres. Pero tiene razón, viéndote crecer me he dado cuenta de que ya eres toda una mujer, que ya no titubeas, que Rosa no miente cuando dice que no encontraré a otra que te iguale. Entonces, una vez escuchado el sermón de Rosa, le he explicado que no había pasado nada malo entre nosotros.
Cuando hube terminado de charlar con mi quiosquera favorita, crucé la calle hasta el descampado de La Merca. Allí no había más que un amarillento suelo polvoriento y árido repleto de piedras y florecientes hierbas malignas. Me hice con unas cuantas piedras y me las eché en el bolsillo procurando no manchar mucho mi camiseta. Al acabar, volví a pasar por el quisco de Rosa, pero esta vez no me paré a charlar sino que fui más allá, hasta el despacho de Juan y le saludé con la mano desde el otro lado de la cristalera. Allí me detuve y empecé a bombardear cada una de las farolas de la calle con mis piedras, provocando explosiones de cristales a causa de las bombillas. Cuando iba por la tercera farola Rosa salió corriendo de su habitáculo gritándome improperios. Pero yo no le escuchaba, tenía un objetivo y a eso de las siete y media ya había reventado las trece bombillas de la calle. Rosa me prestó una escoba a regañadientes mientras me tomaba por loco. Y barrí todos los diminutos cristales porque yo puedo ser muchas cosas pero no un cochino.
A las diez de la noche la calle estaba desierta y no había ni una gota de luz. Lo único que por allí lucía era la oscuridad sicodélica. Y entonces llegaste tú. Asustada por la oscuridad,  me pediste que te guiase. Tapándote los ojos con las manos te llevé al lugar más recóndito de nuestra calle. Justo delante del portal número ocho había una manta blanca que yo había colocado con premeditación y allí nos tumbamos. Lo que la ausencia de luz no dejó ver fue que no dejé de sonreír desde que llegaste hasta que a la mañana siguiente te fuiste, pero sí que dejó ver esas gotitas de luz que brillan en el cielo y que la gente llama estrellas. Decías y dices que son como mis ojos. Y entonces me pongo romántico.

sábado, 14 de mayo de 2011

jueves, 12 de mayo de 2011

La realidad y sus desastres.

Mi tierra tiembla y yo tirito. Y al sur de la misma comunidad que me vio nacer, los afanosos quehaceres de una tarde cualquiera son el caos más rotundo. Todos lo han sentido, la tierra se ha movido sin que nadie lo esperase y las gentes huyen de sus casas despavoridas buscando un lugar donde sentirse a salvo. Algunos de ellos lo consiguen, otros tantos esquivan a tientas a la muchedumbre y ofrecen sus brazos a los que yacen tumbados y heridos sobre el pavimento. Hay unos niños que lloran porque la tarde de juego y diversión empieza a tornarse un tanto apocalíptica, y los que no lloran, se aferran a las manos de sus madres con cara de oprimidos. En los entramados callejeros empiezan a acumularse escombros que empolvan los recuerdos de muchos hombres y mujeres que ven como pedruscos enormes caen desde las alturas golpeando a la gente, matando, hiriendo. Algunos gitanos lloran viendo como las mismas casas que cada día les han dado cobijo, se rebelan contra ellos con estruendos que saben a muerte.
Cuando la paz se recuperó, un nuevo temblor me hizo tiritar. La tierra nunca está satisfecha cuando se propone matar, y muchos viandantes que ya se creían a salvo, se vieron sorprendidos por nuevos edificios derrumbándose y marcando el fin de sus vidas; gente noble que solo quería vivir y sonreír, gente como nosotros que, sin que hayan podido hacer nada para evitarlo, han tenido la mala suerte de ocupar el trágico elenco de las víctimas de este triste desastre natural.
Yo siento un alivio egoísta en mi pecho al saber que los míos están bien, que lo han sentido, que han podido comprobar cómo la tierra se movía y las casas sufrían frenéticos temblores. Pero están vivos. Eso es lo importante. Entonces me asalta la tristeza. Y si les hubiera pasado algo....

lunes, 9 de mayo de 2011

Esperanza, brota por favor.

Sobre la mesa había unas cascaras de plátano y unas blanquecinas briznas de mandarina. Ella estaba al lado, sentada en una silla mirándome con dolencia, queriéndome decir algo pero no sabiendo cómo.
- ¿A qué has venido? - Se atrevió a preguntarme.
Yo llevaba más de media hora mirándola fijamente, viéndola callada y con ganas de llorar.
- He venido a verte, a alambicar tu realidad.
Ella pareció no entender nada y disimuló su confusión limpiando un poco la mesa.
- ¿Qué significa alambicar? - Me dijo sin mirarme, dándome la espalda mientras hacía círculos confusos sobre la mesa con una bayeta.
- Déjate de limpiar nada, yo quería mirarte y verte triste.
- Eres gilipollas... ¿Qué significa alambicar?
- ¿Por qué me insultas? - y entonces así su cintura y le soplé en la nuca, sus castaños mechones trazaron un extraño vaivén.
- ¿Qué significa alambicar?
En esos momentos me recordó al tierno Principito, con ese afán de no renunciar nunca a una pregunta una vez formulada. Me inundó la sensación de que ella venía de otro planeta y sus manos eran tan pueriles como las de los infantes niños del parque. Me sentí apocado y con cierto odio a mí mismo por lo que estaba haciendo y, sin soltar su cintura, le respondí:
- Alambicar es analizar atentamente algo, y eso es lo que hago yo; veo la realidad, la analizo y luego hablo de ella - La solté y me fui lentamente hacia la puerta.
- ¿Te vas ya? No te vayas por favor,...
- Solo vine a decirte que no te quiero, que las cosas no salen siempre como a uno le gustaría...
Una pequeña gota brotó de su ojo.
- ... pero recuerda, igual que las cosas cambian a mal, pueden cambiar a bien. Lo bueno de la vida es imprevisible.
Y dejé a una pobre chica sollozando sin consuelo, pero con la esperanza plantada en el corazón.

viernes, 6 de mayo de 2011

Nota a pie de página:

Conseguí conquistarla gracias a que prometí revelarle mi secreto a la mañana siguiente.
Nos fuimos juntos a su casa en un impecable Seat León rojo y allí pasamos la noche, compartiendo calor e ironías. A las seis de la mañana me quedé dormido. Por aquel entonces ella aún insistía en seguir besándome el cuello, pero yo estaba  demasiado cansado como para claudicar ante las mocedades que le rondaban la cabeza.
Cuando desperté ella estaba a mi lado, desnuda y dormida. Tenía morenos mechones esparcidos por la cara y una mano sobre mi ombligo. Me fui sin despertarla, arropándola cuidadosamente para que no cogiese frío.
Le dejé en la mesilla de noche una nota con mi secreto: No tengo nada que ver con Pablo Mármol. Gracias por tu ingenio y originalidad a la hora de interesarte por mis parentescos.

Y me fui de la habitación dando un portazo.

jueves, 5 de mayo de 2011

Lo que te dije aquella noche al oído.

Nuestra historia es para quinceañeras aunque yo no sea un tipo moreno, cachas y con moto. Soy más bien pajizo (tal y como mi propia madre me describe), con un estúpido remolino en la parte derecha del pelo y esa cara de tonto que no puedo evitar poner cada vez que estás conmigo. Ni siquiera tengo moto, ni coche, ni bicicleta, aunque si unos firmes dedos de los cuales puedes agarrarte tantas veces como quieras: te llevaré, si me lo pides, a lugares donde ningún vehículo podría transportarte. Tengo un viejo móvil que no sé muy bien si sirve para llamar o más bien es una arma arrojadiza; tengo los pies pequeños (cuando me vale un 40 hay fiesta en casa), las manos enanas y el cuerpo endeble; te resultará arduo y afanoso encontrar un músculo marcado a lo largo de mi torso o mis brazos. Y lo siento. Te pido perdón por ello. Sé que toda mujer sueña con el guaperas de turno, para vivir la historia de amor más bonita jamás contada y enamorarse de un cuerpo y un alma inigualable. Pero yo no lo elegí, nací así y punto. Yo solo quiero que te enamores de todo aquello que hay en mí y he podido elegir, de lo que hago o digo, de lo que escribo, de lo que pienso. De todo aquello que siento, de cómo te miro, de cómo te hablo, de cómo te callo. Porque el cuerpo es efímero, y el amor hacia él lo será también, pero los sentimientos son manchas imborrables que, una vez que te quedas impregnado con ellas, se quedarán en ti por siempre.

domingo, 1 de mayo de 2011

Para ti, porque odias el francés:

Et encore je cherche la question inaudible dont la réponse est un baiser.
(Todavía busco la pregunta inaudible cuya respuesta es un beso)

martes, 26 de abril de 2011

Tu me manques.

Desde este lugar de la Tierra te escribo:
Aquí no hay nada. Tal vez cuatro casas mal contadas y un árbol lustroso que peca de poco humilde creyéndose mejor por su aspecto frondoso. También hay un fuerte viento con sabor a soledad y a desgana, sin embargo, ése árbol parece no inmutarse a pesar del traqueteo al que está siendo sometido.
A lo lejos baja una colina. Seis cabras se pelean y otras tantas están comiendo, y yo mientras tanto no sé ni a que mirar, no sé ni en qué pensar, no sé si reír o llorar. Quisiera tenerte aquí conmigo para arrancarle unas hojas al árbol y estropear así su ego. Llevarte de la mano colina arriba y dejarnos caer colina abajo enfundados en un abrazo. Tal vez entonces las cabras cesarían su riña para contemplar asombradas como una saeta de fuego cruza lentamente la ladera de los montes contiguos a la colina; nosotros, asustados por las zarzas, hemos ido a perdernos entre el espesor de los pinos caducifolios. Parece mentira que no hayas dejado de reírte desde hace ya un bueno rato y eso que ya no te estoy haciendo cosquillas.
Perdón. Soy un cutre iluso por imaginar todas estas cosas cuando en realidad estoy tirado en mitad del bosque, solo y desamparado, en un lugar donde pinos y cabras abundan pero mujeres como tú no existen.
He pensado cuatro cosas y ya he olvidado tres de ellas. Dicen que la distancia es el olvido. ¡Y tienen razón! Cuanto más lejos estás de mi, más me olvido de los demás, para solo pensar en ti.

sábado, 16 de abril de 2011

Infinito me suena a poco.

¿Has pensado alguna vez en lo idílico? En esa perfección perceptible que te hace claudicar ante cualquier hecho. Intentas negarte a quedarte esta noche embobado pensando en ella y a las tres de la mañana ya has deshojado seis margaritas. No seas tonto, claro que te quiere. Pero el corazón es así, funciona por su cuenta y la desazón de las dudas siempre está ahí, como un humo fantasmagórico que aparece y se esfuma con la misma facilidad y rapidez con la que el reloj marca los segundos. Puedo asegurar, por lo tanto, que la noche sucumbe a mis ganas de dormir y lo idílico me inquieta y me hace dar vueltas en la cama, proyectando nuestras vivencias en mi cerebro como una película de amor verdadero.
Luego llega la mañana y yo con cara de dormido y tú con cara de enamorada. Me das golpecitos en la nariz y ya con eso despierto. Parece que no te das cuenta. Es cierto, te ríes tanto y yo sin embargo estoy a tu lado con ganas de llorar. Posiblemente de alegría, de incredulidad ante el hecho de tenerte junto a mí y escuchar tu risa tan cercana. Durante mucho tiempo pensé que nunca más volvería a oírla. Pero no. La realidad es que te tengo para mí y que mi caída desde lo más alto queda ahora como una mera anécdota. La verdad, caídas desde el cielo hay muchas, lo bueno es que uno nunca sabe si aterrizará contra el suelo o contra el montón de paja. Yo caí sobre un pajar y me clavé la aguja. Esa aguja llamada miedo que oprime la espontaneidad de mis actos y me hace dudar siempre que entrelazo palabras en mi boca, me aborda el miedo a cagarla. Pero ahora no aguanto más y te lo digo. Te explico las razones de cosas que tú creías fruto del azar. Lo nuestro empezó un día 8 como otro cualquiera, un sábado más que yace estancado en el calendario. Pues no. Éste simbolismo numérico no es más que una demostración ciega e indirecta de mi amor hacia ti. Me encanta tumbarme contigo a la deriva. Prueba a tumbar también nuestro día, nuestro número particular. Esa es la mesura del amor que yo siento.