Decías que, si te quedabas callada, te asegurabas el no contradecirme, que alomejor así conseguías que me enamorase de ti. A mi me gustaba tu inocencia, tus ojos color miel y el empíreo oculto entre tus labios.
Tu eras amante de los días pares, el diez y el doce por excelencia, y odiabas que te hablase en lengua francesa con el pretexto de que el inglés era la belleza absoluta. Y la verdad, tenías serias razones para afirmarlo.
Cada vez que yo te decía que era imposible que me enamorase de ti, me cogías de la mano y me contabas juegos de palabras anglófonos. Decías que la palabra imposible provenía del inglés, del vocablo impossible y que gracias a esa palabra todo era posible. Ese mismo día me fui a casa sin entender muy bien a qué te referías. Pero ahora lo entiendo todo y debí creerte, debía haberme dado cuenta de que la palabra impossible intenta gritar desde lo oculto una verdad irrefutable: I-m-possible. I´m possible, es decir, soy posible.
Aquella noche me fui a la cama con el convencimiento de que los posibles son posibles, y los imposibles pueden serlo, solo hay que saber interpretarlos.
AY.
ResponderEliminarEs cierto.
Me cago en la puta.
Qué guay.
Me encanta.
Un saludo.
si no hay cosas imposibles tal vez, en algún momento de mi vida, consiga encontrarle entre tanta gente...
ResponderEliminar;)
Me has alegrado el día
"Impossible".........me encanta el juego de palabras que utilizas. En esta vida, si pones todas tus ganas, todos tus deseos, y actúas en consecuencia con lo que piensas y con lo que sientes...hay pocas cosas que se te puedan tornar imposibles. Me gusta tu blog!
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