domingo, 1 de enero de 2012

El amor nos unió y nos separa:

Hoy me he levantado temprano, a penas dos horas después de llegar a casa, simplemente para decirte adiós para siempre pidiéndote mis más sinceros perdones.
Quiero que me perdones, en primer lugar, por aquellas noches de invierno en las que dormimos juntos bajo aquel estrecho edredón que a penas cubría un cuerpo y, a pesar de que insistías en que más o menos lo compartiésemos, yo siempre te lo cedía tapándote cuidadosamente cuando te quedabas dormida.
Perdóname también por las tardes de verano en las que te llevé al campo para que nos tumbásemos en la hierba a tomar el sol cogidos de la mano. Te quedabas tumbada boca arriba y entornando los ojos para evitar el sol, dejabas entrever una sonrisa en tu rostro.
Te pido perdón por las mañanas en las que bajabas a por el correo y me encontrabas recién llegado de fiesta, medio adormilado, esperándote en el descansillo para desearte los buenos días con una enorme sonrisa en la cara.
En definitiva, solo espero que me perdones por haber sido tan idiota como para querer hacerte sentir la chica más especial del mundo, como para demostrarte en los momentos más insospechados todo lo que me importabas. Y por supuesto, perdón por no darme cuenta de que querías a otro.
Adiós.

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