Nos fuimos juntos a su casa en un impecable Seat León rojo y allí pasamos la noche, compartiendo calor e ironías. A las seis de la mañana me quedé dormido. Por aquel entonces ella aún insistía en seguir besándome el cuello, pero yo estaba demasiado cansado como para claudicar ante las mocedades que le rondaban la cabeza.
Cuando desperté ella estaba a mi lado, desnuda y dormida. Tenía morenos mechones esparcidos por la cara y una mano sobre mi ombligo. Me fui sin despertarla, arropándola cuidadosamente para que no cogiese frío.
Le dejé en la mesilla de noche una nota con mi secreto: No tengo nada que ver con Pablo Mármol. Gracias por tu ingenio y originalidad a la hora de interesarte por mis parentescos.
Y me fui de la habitación dando un portazo.
¿La despertase?
ResponderEliminarNi idea.
ResponderEliminar