Luego llega la mañana y yo con cara de dormido y tú con cara de enamorada. Me das golpecitos en la nariz y ya con eso despierto. Parece que no te das cuenta. Es cierto, te ríes tanto y yo sin embargo estoy a tu lado con ganas de llorar. Posiblemente de alegría, de incredulidad ante el hecho de tenerte junto a mí y escuchar tu risa tan cercana. Durante mucho tiempo pensé que nunca más volvería a oírla. Pero no. La realidad es que te tengo para mí y que mi caída desde lo más alto queda ahora como una mera anécdota. La verdad, caídas desde el cielo hay muchas, lo bueno es que uno nunca sabe si aterrizará contra el suelo o contra el montón de paja. Yo caí sobre un pajar y me clavé la aguja. Esa aguja llamada miedo que oprime la espontaneidad de mis actos y me hace dudar siempre que entrelazo palabras en mi boca, me aborda el miedo a cagarla. Pero ahora no aguanto más y te lo digo. Te explico las razones de cosas que tú creías fruto del azar. Lo nuestro empezó un día 8 como otro cualquiera, un sábado más que yace estancado en el calendario. Pues no. Éste simbolismo numérico no es más que una demostración ciega e indirecta de mi amor hacia ti. Me encanta tumbarme contigo a la deriva. Prueba a tumbar también nuestro día, nuestro número particular. Esa es la mesura del amor que yo siento.
sábado, 16 de abril de 2011
Infinito me suena a poco.
Luego llega la mañana y yo con cara de dormido y tú con cara de enamorada. Me das golpecitos en la nariz y ya con eso despierto. Parece que no te das cuenta. Es cierto, te ríes tanto y yo sin embargo estoy a tu lado con ganas de llorar. Posiblemente de alegría, de incredulidad ante el hecho de tenerte junto a mí y escuchar tu risa tan cercana. Durante mucho tiempo pensé que nunca más volvería a oírla. Pero no. La realidad es que te tengo para mí y que mi caída desde lo más alto queda ahora como una mera anécdota. La verdad, caídas desde el cielo hay muchas, lo bueno es que uno nunca sabe si aterrizará contra el suelo o contra el montón de paja. Yo caí sobre un pajar y me clavé la aguja. Esa aguja llamada miedo que oprime la espontaneidad de mis actos y me hace dudar siempre que entrelazo palabras en mi boca, me aborda el miedo a cagarla. Pero ahora no aguanto más y te lo digo. Te explico las razones de cosas que tú creías fruto del azar. Lo nuestro empezó un día 8 como otro cualquiera, un sábado más que yace estancado en el calendario. Pues no. Éste simbolismo numérico no es más que una demostración ciega e indirecta de mi amor hacia ti. Me encanta tumbarme contigo a la deriva. Prueba a tumbar también nuestro día, nuestro número particular. Esa es la mesura del amor que yo siento.
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