La chica de la biblioteca es la misma de siempre, la de la piel clara y los ojos oscuros. La que me mira a urtadillas y examina mis apuntes, la que le tiembla el labio cuando le devuelvo la mirada. La que tiene las manos pequeñas y acaricia las vetas de la mesa con un gesto distraido. La que me susurra para que no le oiga, la que sonríe en mi quejumbra. La chica de la biblioteca es castaña y tiene los ojos marrones y no duda cuando me dice: me gustas.
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