Frente al espejo dije:
- Tú eres mi peor enemigo.
Y tras estas palabras se hizo un silencio incómodo que murió con el suave sonido de un movimiento fugaz y certero. Después, solo hubo confusión en el suelo: un charco de acidez pútrida envuelto en un color pasional y mortecino, cristales,dolor; un mar de pedacitos pequeños en cuyo interior se encontraba un reflejo diferente de la realidad; pedacitos que flotaban sobre el caudal de ira roja que brotaba desde mi puño...
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