jueves, 30 de diciembre de 2010

Cuando el amor te atrapa entre sus manos:

La luz empezaba a escasear cuando ella llamó:
- ¿Dónde estás? - Su voz sonó desesperada.
-  Estoy dónde tú quieras que esté, - hubo un breve y conmovedor silencio que rompí con melancolía-  dónde tu voz me busque, dónde los besos de tu boca quieran encontrar a los mios...
- Entonces, dónde se auna toda la felicidad del mundo, ¿no?.
Y tras esta declaración de amor, se me aceleraron las ganas de besarla.

lunes, 27 de diciembre de 2010

Eres lo suficiente para que yo pueda vivir.


Brillaba en el cielo un ensueño delirante que protegía a los viandantes de cualquier precipitación atmosférica. Ya muy temprano, había amanecido el cielo turbado, sumido en la tristeza impura del que lo ha perdido todo, pero por extrañas circunstancias, ese lánguido gris que cubría el cielo no expresó su tristeza en forma de gotas de lluvia.
Ambos lo agradecieron. Cumplieron su destino y acudieron sin rechistar a su cita mutua, rutinaria, pero cohibida por lo que ambos buscaban. La satisfacción final de tal extraño encuentro, no se vería conseguida si alcanzaban el final del día sin besarse. Lo sabían, y a pesar de que ambos sentían el fervor interno fruto del deseo, dudaban de su eterna responsabilidad como amantes desenfrenados.
Se vieron, ninguno de ellos tembló; se habían mirado tantas veces sumidos en el amor delirante que toda manifestación que les afectase eran fruto de la rutina desalmada.
Nunca fueron parejos en cuanto a la toma de decisiones, ni gustaron en demostrarse la misma manera de pensar, incluso ella era más diligente en el arte de pensar al contrario que aquel chico irresoluto que fundamentaba su conducta en lo sarcástico e irónico de todo lo que iba sucediendo. Pero se querían, y todo lo demás carecía de importancia alguna.

Tras darse de nuevo el visto bueno y acompañados por un tímido “hola”, que emanó de sus bocas como resistencia a lanzar un beso, caminaron hacía ninguna parte, sin saber cual sería su final: ambos querían que fuese un beso. Sin darse cuenta se perdieron entre el entramado de las calles de la ciudad dilucidando temas de extensión variable y aspectos diferentes. Cuando se hubieron perdido en su misma verborrea, aturdidos por la continua contemplación del otro, ambos decidieron desviar sus caminos conjuntos hacia un parque no muy lejano.

La behetría de la hojarasca, arremolinada a la sombra de los árboles, creaba una mística alfombra que a cada paso de los enamorados se elevaba formando en el suelo chorros dorados de hojas marchitas. No era este el único síntoma de hermosura en aquel verde paisaje (obviando la de ella, todo sea dicho); bajo la cómoda sombra del atardecer, sumidos en la más triste desolación producto del abandono, ruinosos bancos de piedra plagados de musgo verdoso ofrecían con insistencia desenfrenada su cómodo asiento. Ambos atisbaron a lo lejos, empotrado contra un matorral, un banco pútrido en el cual decidieron acomodarse.
Parecía el lugar idóneo para desvelar sus incandescentes instintos de pasión. Obvio, pero no sucedió hasta bien entrada la noche, cuando ella ya había insistido varias veces con un hilillo de voz usando la impertinente frase: “me tengo que ir” frenada por el insistente “quédate” del jovenzuelo.
Cuando él sintió que la iba a perder, respiró y no dijo nada. Se frenó atraído por su instinto de conservación, pero acabó claudicando al frenesí impuro, a la intensa permuta del rocío innato, ávido por sentir el fervor de su tez dorada.
No querían perder el roce de sus labios, aunque él se mostraba frío, bajo el hechizo de incomprensión de los acontecimientos. Se besaron en cada esquina, en cada badén, en cada callejuela, en cada portal, en cada resquicio de la ciudad, y él, aun tras haberla perdido de entre la complicidad de sus brazos, gracias a un vetusto recuerdo y a su olor intenso que todavía permanecía impregnado en su piel, pudo evocar una sonrisa en su rostro que habría alentado incluso al ser más enteco y desolado.

jueves, 23 de diciembre de 2010

Noches de desasosiego.

Me faltas.
Tu me manques.
Te echo de menos.
Entre el ir y venir de la noche, la euforia se apodera de mí, me hace gritar y saltar, bailar, también; tal vez se atreva a hacerme sentir gentil, a abrazar a los amigos, a iluminar sus rostros con ironías insultantes. Pero esa fuerza irrefrenable de la cual nadie se salva, esa marea invisible llamada tiempo siempre acaba por condenarme.
Te echo de menos en mi mente. Mis manos también aclaman tu presencia. Te quiero allí conmigo, besándome, como tantos enamorados que se besan y se miran a los ojos queriéndose decir te quiero, agarraditos de la mano, en silencio.
Pero no estás.
Me inunda la errática envidia y, sintiéndome vacio, quiero gritar tu nombre, tenerte a mi lado. Tenerte junto a mi toda la noche; para que me bailes al son de la música, para que contonees tu cuerpo provocándome con tus libidinosos movimientos, para que dibujes mi cuerpo con tus dedos, que tus labios me besen, para que pensar en ti y tenerte, no sea un imposible, sino simplemente abrir los ojos.

lunes, 20 de diciembre de 2010

Me cuesta escribir un título que no lleve tu nombre.

El amor mata, como cualquier otra droga. Y también crea adicción.
Sobre todo las miradas silenciosas acompañanadas de sonrisas inacabadas que se mueren de ganas.
Por no hablar de tus besos.

viernes, 17 de diciembre de 2010

Déjà vu.

Moi je t'offrirai
Des perles de pluie
Venues de pays
Où il ne pleut pas
Je creuserais la terre
Jusqu'après ma mort
Pour couvrir ton corps
D'or et de lumière
Je ferai un domaine
Où l'amour sera roi
Où l'amour sera loi
Où tu seras ma reine
Jacques Brel


Ella me besa, se rie y deja que la vida fluya, que los sentimientos sean quienes marquen el destino. ¿Y yo qué hago? Pues me dejo. He descubierto que me es imposible resistirme a sus encantos, que su carita rosada me enamora y que sus labios son una tentación que no puedo (ni quiero) eludir.

sábado, 11 de diciembre de 2010

A veces, ellas, aman al odio.

- Hoy estas especialmente horrenda...
Y con mis palabras su asombro. Su frente se estiró hasta tensarse al máximo, los ojos como platos, la boca medio abierta y en su expresión una pizca del tedio marchito que imitaba al de una plañidera.
Nunca un hombre ha de tener la poca vergüenza de decir a una mujer que hoy no está hermosa. Incluso si es de mentira. Las mujeres se rigen con el peso de los piropos, sirviéndose de autoestima plagada de banalidades momentáneas que las alimentan como si de un manjar intangible se tratase.
Muy a mi pesar, acababa de pronunciar las palabras malditas. De broma. Pero en estos casos la mente femenina no entiende de bromas; ellas se creen hermosas por el día, por la tarde, por la noche, recién levantadas, antes de acostarse, incluso recién salidas de la ducha; embarradas o mojadas, su inherente pesadumbrez se desvanece cuando de la hermosura se habla.
Alejandro, te pasaste de listo, pensé. Y arrugué mi mirada con un mohín de autodesaprovación.
Su mirada se cargó de ira, de odio caduco; pude ver en sus ojos la felinidad de un tigre rabioso. Y mientras tanto, mi mente buscando las palabras correctas que me permitiesen escurrir el bulto. Acaricié el esplendoroso mundo del romanticismo entre vocablos que se precipitaron en mi mente en forma de efugio. Y aún arropado por ese gesto de desaprobación que ella me mandaba desde su posición, inmóvil, dije en tono suave pero intenso:
- ... Eso es lo que me gustaría que pensasen los demás; sin embargo, eres tan guapa y te quiero tanto.
Y bueno, todo el mundo sabe que después del alivio viene un beso.

martes, 7 de diciembre de 2010

Despertar en medio de un sueño, y aun seguir en él.


Sobre las tres de la mañana las sábanas se ajaban sobre el lecho, como el deslizar de las olas al despuntar el alba, rompiendo sobre sus piernas tersas que caían por un lado de la cama casi contagiándose del húmedo frío que brotaba del suelo. Medio somnoliento, se dio media vuelta, aun sumido en el mismo sueño que estaba amenizándole la noche de una manera un tanto decorosa.
Eran un tumulto de hechos confusos, sus manos parecían difusas, entrelazándose con los finos dedos de unas manos femeninas que conocía a la perfección. Al cabo de un rato, los ojos de ella mostraban la añoranza de un momento desestructurado en el pasado, un miedo entelerido por los dolorosos recuerdos que la arrastraban y tiranizaban sus ganas de besarle. Con certeza y decisión, él, rompió con un gesto fugaz el miedo que le oprimía su capacidad motora y, como si de la seda se tratase, acarició su pelo entornando los ojos y respirando con profundidad el fino hilo de olor aromático que brotó de las inmediaciones de ella. Los dedos de él se hicieron vigorosos, intranquilos, fruto de un anhelo que  nada tenía que ver con la mocedad y sus desagravios, sino más bien con el amor puro y verdadero. Al sentir su fino tacto, ella se estremeció y mientras él deslizaba sus dedos entre los jirones de su pelo, ella mostraba una sonrisa tímida y nerviosa que quedó frenada con el dedo pulgar de él acariciando sus labios. Hubo un silencio corto en cuyos segundos se entrelazaron las ganas y el deseo; una fuerza devastadora que nada tiene que ver con el hedonismo; un sentimiento irrefrenable que voló y se instauró en sus miradas creando una pasión macerada por sus labios que, con cada instante, se aproximaban más. Sintieron el fulgor del amor, la esencia de un bienestar capaz de ningunear al sexo más puro, incluso capaz de tratar de tú a tú al placer más íntimo derivado de un orgasmo de placeres. Fueron sólo segundos de silencio. Y cuando se propusieron besarse él despertó del sueño.
Sintióse arropado por la quejumbre, y aun con los ojos cerrados y frotándose el rostro con las manos, se irguió. Y mientras lentamente abría los ojos, pudo sorprenderse al comprobar que estaba en el mismo sitio donde había estado en sus sueños. Con la misma compañía, y con las mismas ganas de besarla.

domingo, 5 de diciembre de 2010

Amo la claridad, y no solo la de tus ojos.

Las mujeres que se andan por las ramas no aguantan mucho tiempo el equilibrio. Asi pues, cierto día se precipitan sobre un hombre al azar. El azar puede llevar a la gloria o a la hecatombe. Es una de sus reglas no escritas.
Por eso, prefiero buscar mujeres que anden sobre la tierra con pies de plomo: esas que huyen de las confusiones y solo tienen ganas de caer sobre mis brazos. De esas que quieren renacerme justo cuando había olvidado de que iba eso de la felicidad.

viernes, 3 de diciembre de 2010

Que dure lo que tenga que durar:

Hoy no tengo ganas de escribir.
La razón es clara. Mis achaques del corazón son los que me invitaban a la creatividad escrita, al juego sin reglas de la creación literaria. Hoy, sumido en mis propios pensamientos, he llegado a la conclusión de que he alcanzado algo de estabilidad en el trasfondo de mi dolor de sentimientos. Ya no me salen palabras de apoyo, ni siquiera puedo alentar a los entristecidos.
Tal vez me esté convirtiendo en un pusilánime con la palabra en la mano, con el boli manchando mis ojos de tinta; tal vez no soy más que un aficionado en el arte del intento de la transmisión de sentimientos,  uno más entre un millón de habitantes de la tierra; un habitante que solo dice lo que piensa.
Y ahora mismo solo pienso en ser feliz, por lo que no quiero arriesgarme a usar palabras que puedan haceros tiritar, bajo el frio seco de la envidia.

martes, 30 de noviembre de 2010

Mis primeras aventuras con las palabras...


Sufrí una parada cardiaca y una aceleración de los sentimientos. Porque la vi. Y miré al cielo para evitar tener que soportar los nervios producidos por sentir su mirada clavada en mí. Como un clavo de alegría. No quería que sus ojos verdes hiciesen mella en mi ética y me desmoronase psicológicamente, acabando por rendirme a ella.
Así pues, como ya he dicho, me subordiné al despiste y no a sus curvas, y alcancé el máximo grado de nerviosismo cuando oí sus pasos a escasos metros de mi posición. Y creí explotar en el instante en  el que, como un dulce cántico que emanó de su boca, brotó un tímido pero increíble: “Hola” que me hizo girar la cabeza velozmente para mirarla.
Y cuando la vi... puf... ni el verso ni la prosa pueden explicar lo que yo sentí. Así que me ahorro en detalles. Aguardaré hasta que en el diccionario expliquen esos nuevos sentimientos que mi cuerpo produjo.
Sentimientos que nunca nadie antes había experimentado. Sentimientos. Creo que esa es una palabra demasiado antigua para calificar lo que mi cuerpo experimentó en su interior. Un torrente de emociones que casi me produjeron un desmayo emanaron por mi cuerpo.
Emociones que casi me hacen perder el sentido.
Pero no lo perdí, porque sabía que sin sentido no podría disfrutar de su presencia.

sábado, 27 de noviembre de 2010

On ne sait jamais.

Si algo he aprendido a lo largo de mi vida es a no dejarme llevar por la euforia.
Nunca.
Jamás.
La euforia no es más que un torrente de emociones positivas que te llevan a la felicidad en uno de sus  máximos grados. Incluso en ocasiones a uno le cuesta distinguir entre euforia y alegría. Para mí la diferencia es clarividente; la alegría es un sentimiento de bienestar en un grado básico. Un grado de andar por casa. Mientras que la euforia es el máximo exponente de la alegría cuando ésta tiene la cualidad de efímera. Es el punto más elevado al que uno puede aspirar ante una repentina felicidad.
Pero cuidado. Ten cuidado. La euforia te lleva hasta el cielo del optimismo, al lugar más alto del bienestar. Por lo que, siento decirte, que cuando tu euforia sea afectada por cualquier imprevisto, la caída sobre el abismo de la tristeza y el dolor, puede ser de las que no tienen parangón. De las que marcan eternamente.

jueves, 25 de noviembre de 2010

Me gustaría tanto...

J'aimerais tellement te dire ce que veut mon coeur
Mais je n'ai plus les mots.

Jena Lee


Llevo un tiempo infernal buscando esas palabras que digan justamente aquello que quiere decir mi corazón, pero no consigo encontrarlas.
Los mismos que alaban mi elocuencia son los que se cuestionan el porqué de mi estado de parálisis mental a la hora de encontrar la precisión inequívoca de unas palabras que puedan hacerme dar un paso adelante en mi situación y, así, cesar la represión amorosa que me arrastra y me condena como si de una avalancha de lodo se tratase. Alaban mi elocuencia pero ningunean mi trato a una situación de presión. Y puede que tengan razón. Puede que la solución sea callar y olvidar. Porque quién busca qué decir y no dice nada, es porque el silencio grita asustado por el miedo de perder un amor irrefrenable.

lunes, 22 de noviembre de 2010

Me dejo querer por todas, pero solo quiero a una.

Dar rienda suelta a los recuerdos nos ha inspirado para no olvidar la razón por la cual nos queríamos. Nunca es tarde para darse una segunda oportunidad.
Tú piensas en mi. Yo aun lo hago sin querer. Me preocupo, te busco allá donde creo que estás; me recluyo en casa y pienso en nosotros, en nuestro pasado instaurado en cada uno de los lugares a los que anduvimos juntos, esos lugares que ahora visito y me hacen añorar tantos momentos. También pienso en nuestros instantes escondidos; derrochando ganas y aguantando el miedo a perder, exprimiendo cada segundo de complicidad mutua como un bien inigualable, como el mejor regalo del mundo.
Busco palabras que puedan arreglar todo esto, que puedan saber a arrepentimiento. Esas palabras exactas, precisas, concisas y certeras que te hagan recordar el más que feliz pasado. Es decir, busco mi propia palingenesia.
Por suerte he descubierto que aun ansias encontrarme en la noche, que buscas mis besos desconsolada, que en nuestros cubículos de amor desesperas, te asustas entre llantos gritando mi nombre, que no puedes vivir sin una segunda oportunidad, ya que el amor, si es amor del verdadero, nunca llega a olvidarse por completo

miércoles, 17 de noviembre de 2010

Tachando lo injusto.

Hoy, sin esperarlo, una mujer de esas que saben amar incluso con la luz apagada, ha utilizado algo de ironía para acusarme de lo siguiente mientras hablabamos con delicadeza acerca de las mujeres en general: "por eso me enamoré de ti, por tu manera de mandarnos a la mierda". Tal acusación gratuita me ha dejado algo pensativo e incluso tocado de mi propia moral. Me he quedado callado, sin saber muy bien qué decir, y sintiendo bajo mi vientre un mar de sensaciones nauseabundas hacia mí mismo. No he podido evitar reflexionar acerca de la veracidad de sus palabras, acerca de ese injusto trato impropio de alguien como yo.
Me he autodefendido ensalzando mi delicadeza, ese sin fin de actos o palabras premeditadas que me han salvado de ser odiado por el extenso mundo de la mente femenina.
Al cabo de un rato, me he sentido febril, incluso bastante descontento conmigo mismo. Pero he pensado, he valorado mi vida, he hecho balanza de los momentos que han marcado mi existencia, esos momentos que han supuesto un antes y un después en mi trato con las mujeres. Y (ojo) sin realmente considerarme un hombre de mal trato con las chicas, he llegado a la conclusión de que mi posible odio hacía ese símbolo desasosegante (♀) que tanto dolor me ha causado, radique de una mala experiencia en medio de un sin fin de momentos increibles. Asi pues, me he propuesto no generalizar y no pagar con un colectivo, la imprudencia de una mujer inigualable.

domingo, 14 de noviembre de 2010

Mi mente sabe cómo hacerte volar a mi encuentro.

[...]
Un soir,
Un rendez-vous quelque part,
Dans un endriot discret,
On s'embrasse,
Et puis, on dine face à face,
Au petit jour,
Après l'amour, tu pars,
Me laissant seul dans le noir,
Avec mes rêves fous.
Une nuit ne suffit pas,
Pour t'aimer comme j'en ai envie,
J'aimerais faire avec toi,
Des coups de cœur, des coups de folie,
Une nuit ne suffit pas,
Pour t'aimer comme je l'ai choisi,
Je veux vivre avec toi,
Toutes les choses de la vie.

Frédéric François

Ahora que ya he perdido toda esperanza, ahora que estoy aquí, escribiendo a cerca de ti como algo rutinario, siento que vuelve a quemarme todo por dentro.
Creo que mis intenciones, las cuales provienen de un legado positivo y vehemente, no merecen este fin anunciado a gritos desde hace tiempo; gritos que un ser débil como yo, no ha querido asumir. Es un fin injusto para mi mente, un fin impensable en el antaño remoto, un fin desolador.
Solo espero que, allá donde nuestros caminos un dia se separaron, hayas dejado olvidado lo valioso de la vida: esa felicidadad que compartimos; y un día de tu vida vuelvas a por ella. No desconfies jamás de que ni siquiera el fin del mundo está lo suficientemente lejos para que yo vuelva caminando a tu encuentro, si es que deseas que nuestro caminos vuelvan a compartir gravilla y pisadas de esas que no se borran, por ser recuerdos.

viernes, 12 de noviembre de 2010

Los ilusos somos así.

Hoy, no se muy bien por qué, he decidido olvidarte de una vez por todas.
Lo decidí justo a la hora del almuerzo, envuelto en el ir y venir del aburrimiento profundo, solapando mis intenciones de decirte adiós para siempre con algo más que una mirada profunda y melancólica. Mi mente estalló en gritos de silencio. Cuando quise darme cuenta, mis ojos no veían más que trazos indescifrables de tiza, obra del ilustrísimo Granja que me miraba con cierto aire compasivo. Al cabo de un rato, algo desmotivado y sin entender mucho de que iba aquello que se entrelazaba de un lado al otro de la pizarra, quise recordarme que ya te había olvidado. Y al pensar en ese olvido volví a recordarte. Lógica aplastante. Y tanto que aplastante, desasosegante diría yo, quise llorar pero no lo hice con el fin de erigir con alteza mi infinitesimal reputación (si es que aun me queda). Granja se atusaba el bigote mientras mandaba a sus espectadores una mirada irrisoria. Nadie rió. Yo más bien tuve ganas de reír por no llorar, por no estrangular a nadie, por no ser infiel a mis principios de equidad, lo siento, tuve ganas de tambalear la estabilidad del buen ambiente, ganas de sentir la vida desde un punto vivaz; ganas de aplaudir en la cara de todos los compinches del viejo palabro " tristeza", de abanicar mi ira con mis puños bien cerrados.
No se oía más que el tac tac de la tiza contra el encerado. "Alguna gorda basura estará siendo impregnada sobre el tablero verde" pensé. Luego existí. Aunque hubiera preferida morir y desaparecer. O correr. Eso me hubiese encantado. Correr sin fin y desesperadamente sin rumbo alguno. Hacia ninguna parte, por ejemplo. Correr con ganas de chocarme contigo en la siguiente esquina para pedirte perdón y que me sonrías. Porque cuando amas a alguien tanto como para no poder dejar de pensar en ella ni un segundo, cuando la amas tanto que es imposible cesar su recuerdo en tu mente, entonces, merecerá la pena correr infatigablemente a por esa posibilidad casi inexistente que os tienda la mano hacia el edén de la felicidad.

martes, 9 de noviembre de 2010

Soñar es gratis. Yo también lo soy.

Cuatro luceros estancados en el vivaz brillo de tus ojos son mis ganas de vivir. Cuando duermes no puedo verlos. Se cierran timidamente entornando tu mundo en vida y, casi sin querer, caes sobre la tierra de los sueños.
Me encanta la tierra de los sueños. Se que soy la autoridad de tus posesiones en ese entrañable mundo. Yo mando, yo pongo las reglas, yo y solo yo soy quién decide lo que vas a soñar esta noche. A veces te hago aparecer en bellos lugares, conmigo de la mano hasta el fin del mundo; otras veces prefiero que sufras mi ausencia; en esos días me gusta visitarte cuando vuelves al mundo de los mortales, y así, puedo consolarte y abrazarte con consetimiento.
Últimamente estoy teniendo serios problemas. Me cuesta entrar en tus sueños, te haces dura, creo que quieres a otro. Me cuesta cruzar la barrera que separa el mundo terrestre con el de los sueños. ¿ Ya no piensas en mi? ¿ Ya no quieres soñar conmigo? ¿ Ya no quieres mis besos?
Son preguntas que me encierran en el trágico ir y devenir de los amargos sentimientos, pero que a la vez, hacen que el sufrimiento sea esa chispa invisible que derrumba lo rutinario, de esta anodina vida.

lunes, 8 de noviembre de 2010

El que juega con su vida está arriesgando y puede perder.

Se ha apagado el tiempo. Lo sé. Es el fin.
Lo dicen voces coherentes y aunque odie la coherencia no tengo mas remedio que creer a los gritos del destino.
Un día nos quisimos. Hablo de un día detrás de otro. Hasta que nuestro amor se quedo afónico de tanto gritar " te quiero". Y lo olvidamos, por dejar de oirlo en cada esquina, tras nuestros pasos; fue el fin de una historia que hizo nacer otra mortecina vida melancólica.
Yo descubrí lo que era la felicidad. Tú tan solo la oiste de lejos, de mi boca, la cual buscabas todos los días; mi boca que buscaba otra boca.
Y mis deseos nos mataron. Es triste saber que aunque me sustento en un simbolismo, lo muerto es irrecuperable: lo muerto, muerto está y no hay más vuelta de hoja. Y, aunque lo que un día nos separó sea lo mismo que hoy nos vuelve a unir, no hay coraje para volver a recordar, ni ganas de olvidar lo que perdí.

miércoles, 22 de septiembre de 2010

Sueños que se hacen realidad.



Mi última oportunidad corría entre sus ojos como un rio dorado que iba a parar a sus parpados, cayendo lentamente por sus rosados pómulos hasta más allá del final de su rostro.
Mis palabras eran ineficaces; no había modo alguno de consolarle. Creo que era demasiado orgullosa; incluso se atrevió a decir que todo iba mal. Para mi no iba del todo mal. No sabía donde estábamos, supongo que en la periferia de la ciudad, ella algo llorosa, sentada junto a mi, acurrucada entre mis brazos y conteniendo la respiración ¿Dónde estaba lo malo?
Yo tenía ganas de que su consuelo fuera un beso que emanase de mi boca... ¡Pero ella estaba tan triste! Ni siquiera le consolaban mis besos en las mejillas, ni mis finos dedos escurriendo gotitas de lamento de sus ojos. Hasta que por fin me atreví a preguntarle qué era lo que le pasaba. Dudó en contestar, esperó hasta que se le pasase un poco el berrinche y mirándome a los ojos pronunció dos palabras que se salieron de mis afanosos pronósticos de respuesta: " te quiero". Que delirio, que imprevisibilidad; ¡que me pellizquen si estoy soñando! Mejor no me pellizques, déjame besarla antes de volver a la realidad.

domingo, 19 de septiembre de 2010

Mi cuerpo es de plástico si ella se contonea.



Mi cuerpo es de plástico y cuando ella baila, mis deseos brotan por mi piel queriéndome arrastrar al pecado, me empujan hasta más allá de lo permitido, me invitan a la fricción bendita.


Mi cuerpo es de plástico y cuando ella baila, el amor es un sentimiento patente, un sentimiento capaz de ningunear al sexo, a la pasión, al frenetismo. El  amor se convierte, entonces, en la razón del máximo placer.


Mi cuerpo es de plástico y cuando ella baila, mi plasticidad se entumece paulatinamente, se rasgan mis sustentos, se apagan mis sentidos y como por arte de magia, no puedo evitar precipitarme sobre sus labios.

Mi cuerpo  es de plástico y cuando ella baila, se me entrecorta la respiración, se me extasían los sentidos. Es el preciso instante en el que se dispara mi felicidad, me chirrían los pensamientos comunes, y mi mente abandona lo esotérico para adentrarse en lo complejo. Mi poco sentido común quisiera parar el tiempo, que ella me bailase eternamente, que besase mis labios de plástico para siempre, bajo una multitud de segundos con ritmo. Sería, para mi anodina vida, ese fulgurante instante que marcaría un antes y un después. Mi plasticidad es engañosa, eso lo sabe todo el mundo, soy de aire si ella lo pide.

miércoles, 15 de septiembre de 2010

No conozco a ningun error cansado de perseguir a una persona:

Cómo puedo decirlo, cómo puedo expresarlo, cómo puedo hacer de mis palabras un legado inoportuno que me sirva para enmendar los errores del presente y del pasado; esos errores que mi memoria histórica intenta olvidar para redimirlos, pero que existen y son inevitables. El problema reinante en mi mente son mis cavilaciones, esas que viven y me persiguen eternamente, como un fantasma del pasado que se cuela por cada recoveco de mis pensamientos presentes. Si aun tengo oportunidad alguna de pedir perdón por mis males cometidos, o si tal vez pudiera tener lo que quiero arrepintiendome por aquello que erré, me gustaría conseguirlo. Juro solemnemente que no seguiré siendo el perfecto estereotipo de lo que se conoce como un capullo.
Aunque la verdad es que, pensandolo bien, creo que casi todos los errores que ha habido a lo largo de mi vida han sido meras anécdotas sin importancia, estoy seguro de que solo he cometido dos errores graves en mi vida: el primero fue enamorarme de ti. El segundo no poder olvidarte.

jueves, 9 de septiembre de 2010

domingo, 5 de septiembre de 2010