Hoy no tengo ganas de escribir.
La razón es clara. Mis achaques del corazón son los que me invitaban a la creatividad escrita, al juego sin reglas de la creación literaria. Hoy, sumido en mis propios pensamientos, he llegado a la conclusión de que he alcanzado algo de estabilidad en el trasfondo de mi dolor de sentimientos. Ya no me salen palabras de apoyo, ni siquiera puedo alentar a los entristecidos.
Tal vez me esté convirtiendo en un pusilánime con la palabra en la mano, con el boli manchando mis ojos de tinta; tal vez no soy más que un aficionado en el arte del intento de la transmisión de sentimientos, uno más entre un millón de habitantes de la tierra; un habitante que solo dice lo que piensa.
Y ahora mismo solo pienso en ser feliz, por lo que no quiero arriesgarme a usar palabras que puedan haceros tiritar, bajo el frio seco de la envidia.
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