Las mujeres que se andan por las ramas no aguantan mucho tiempo el equilibrio. Asi pues, cierto día se precipitan sobre un hombre al azar. El azar puede llevar a la gloria o a la hecatombe. Es una de sus reglas no escritas.
Por eso, prefiero buscar mujeres que anden sobre la tierra con pies de plomo: esas que huyen de las confusiones y solo tienen ganas de caer sobre mis brazos. De esas que quieren renacerme justo cuando había olvidado de que iba eso de la felicidad.
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