jueves, 23 de diciembre de 2010

Noches de desasosiego.

Me faltas.
Tu me manques.
Te echo de menos.
Entre el ir y venir de la noche, la euforia se apodera de mí, me hace gritar y saltar, bailar, también; tal vez se atreva a hacerme sentir gentil, a abrazar a los amigos, a iluminar sus rostros con ironías insultantes. Pero esa fuerza irrefrenable de la cual nadie se salva, esa marea invisible llamada tiempo siempre acaba por condenarme.
Te echo de menos en mi mente. Mis manos también aclaman tu presencia. Te quiero allí conmigo, besándome, como tantos enamorados que se besan y se miran a los ojos queriéndose decir te quiero, agarraditos de la mano, en silencio.
Pero no estás.
Me inunda la errática envidia y, sintiéndome vacio, quiero gritar tu nombre, tenerte a mi lado. Tenerte junto a mi toda la noche; para que me bailes al son de la música, para que contonees tu cuerpo provocándome con tus libidinosos movimientos, para que dibujes mi cuerpo con tus dedos, que tus labios me besen, para que pensar en ti y tenerte, no sea un imposible, sino simplemente abrir los ojos.

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