La luz empezaba a escasear cuando ella llamó:
- ¿Dónde estás? - Su voz sonó desesperada.
- Estoy dónde tú quieras que esté, - hubo un breve y conmovedor silencio que rompí con melancolía- dónde tu voz me busque, dónde los besos de tu boca quieran encontrar a los mios...
- Entonces, dónde se auna toda la felicidad del mundo, ¿no?.
Y tras esta declaración de amor, se me aceleraron las ganas de besarla.
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