martes, 30 de noviembre de 2010

Mis primeras aventuras con las palabras...


Sufrí una parada cardiaca y una aceleración de los sentimientos. Porque la vi. Y miré al cielo para evitar tener que soportar los nervios producidos por sentir su mirada clavada en mí. Como un clavo de alegría. No quería que sus ojos verdes hiciesen mella en mi ética y me desmoronase psicológicamente, acabando por rendirme a ella.
Así pues, como ya he dicho, me subordiné al despiste y no a sus curvas, y alcancé el máximo grado de nerviosismo cuando oí sus pasos a escasos metros de mi posición. Y creí explotar en el instante en  el que, como un dulce cántico que emanó de su boca, brotó un tímido pero increíble: “Hola” que me hizo girar la cabeza velozmente para mirarla.
Y cuando la vi... puf... ni el verso ni la prosa pueden explicar lo que yo sentí. Así que me ahorro en detalles. Aguardaré hasta que en el diccionario expliquen esos nuevos sentimientos que mi cuerpo produjo.
Sentimientos que nunca nadie antes había experimentado. Sentimientos. Creo que esa es una palabra demasiado antigua para calificar lo que mi cuerpo experimentó en su interior. Un torrente de emociones que casi me produjeron un desmayo emanaron por mi cuerpo.
Emociones que casi me hacen perder el sentido.
Pero no lo perdí, porque sabía que sin sentido no podría disfrutar de su presencia.

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