martes, 9 de noviembre de 2010

Soñar es gratis. Yo también lo soy.

Cuatro luceros estancados en el vivaz brillo de tus ojos son mis ganas de vivir. Cuando duermes no puedo verlos. Se cierran timidamente entornando tu mundo en vida y, casi sin querer, caes sobre la tierra de los sueños.
Me encanta la tierra de los sueños. Se que soy la autoridad de tus posesiones en ese entrañable mundo. Yo mando, yo pongo las reglas, yo y solo yo soy quién decide lo que vas a soñar esta noche. A veces te hago aparecer en bellos lugares, conmigo de la mano hasta el fin del mundo; otras veces prefiero que sufras mi ausencia; en esos días me gusta visitarte cuando vuelves al mundo de los mortales, y así, puedo consolarte y abrazarte con consetimiento.
Últimamente estoy teniendo serios problemas. Me cuesta entrar en tus sueños, te haces dura, creo que quieres a otro. Me cuesta cruzar la barrera que separa el mundo terrestre con el de los sueños. ¿ Ya no piensas en mi? ¿ Ya no quieres soñar conmigo? ¿ Ya no quieres mis besos?
Son preguntas que me encierran en el trágico ir y devenir de los amargos sentimientos, pero que a la vez, hacen que el sufrimiento sea esa chispa invisible que derrumba lo rutinario, de esta anodina vida.

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