Dar rienda suelta a los recuerdos nos ha inspirado para no olvidar la razón por la cual nos queríamos. Nunca es tarde para darse una segunda oportunidad.
Tú piensas en mi. Yo aun lo hago sin querer. Me preocupo, te busco allá donde creo que estás; me recluyo en casa y pienso en nosotros, en nuestro pasado instaurado en cada uno de los lugares a los que anduvimos juntos, esos lugares que ahora visito y me hacen añorar tantos momentos. También pienso en nuestros instantes escondidos; derrochando ganas y aguantando el miedo a perder, exprimiendo cada segundo de complicidad mutua como un bien inigualable, como el mejor regalo del mundo.
Busco palabras que puedan arreglar todo esto, que puedan saber a arrepentimiento. Esas palabras exactas, precisas, concisas y certeras que te hagan recordar el más que feliz pasado. Es decir, busco mi propia palingenesia.
Por suerte he descubierto que aun ansias encontrarme en la noche, que buscas mis besos desconsolada, que en nuestros cubículos de amor desesperas, te asustas entre llantos gritando mi nombre, que no puedes vivir sin una segunda oportunidad, ya que el amor, si es amor del verdadero, nunca llega a olvidarse por completo
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