miércoles, 15 de septiembre de 2010

No conozco a ningun error cansado de perseguir a una persona:

Cómo puedo decirlo, cómo puedo expresarlo, cómo puedo hacer de mis palabras un legado inoportuno que me sirva para enmendar los errores del presente y del pasado; esos errores que mi memoria histórica intenta olvidar para redimirlos, pero que existen y son inevitables. El problema reinante en mi mente son mis cavilaciones, esas que viven y me persiguen eternamente, como un fantasma del pasado que se cuela por cada recoveco de mis pensamientos presentes. Si aun tengo oportunidad alguna de pedir perdón por mis males cometidos, o si tal vez pudiera tener lo que quiero arrepintiendome por aquello que erré, me gustaría conseguirlo. Juro solemnemente que no seguiré siendo el perfecto estereotipo de lo que se conoce como un capullo.
Aunque la verdad es que, pensandolo bien, creo que casi todos los errores que ha habido a lo largo de mi vida han sido meras anécdotas sin importancia, estoy seguro de que solo he cometido dos errores graves en mi vida: el primero fue enamorarme de ti. El segundo no poder olvidarte.

No hay comentarios:

Publicar un comentario