Y ahora quería saberlo todo de ella, cambiar todo nuestro pasado y preguntarle por qué no me había besado antes. Pero la noche estaba muy fría y ambos solo pensábamos en abrazarnos y querernos sin pronunciar palabra alguna.
miércoles, 5 de enero de 2011
Ya la perdí una vez, y fue suficiente.
Las posibilidades que mi mente dilucidaba eran parejas a la escasez de hechos que habían pronunciado un grito en el cielo dando un ápice de esperanza: cero. Así pues, la noche llegó y con ella mis ganas de quedarme en casa, de no aventurarme hacia el destino dónde todos mis recuerdos más oscuros y más alegres se unificarían y formarían una belleza suprema de ojos aguamarina; no quise ser un cobarde y entoné una sonrisa pintarrajeada en mi cara para salir aprisa hacia una casa arropada por el confort de la montaña. Cuando llegué, el sobrio y enhiesto pino perenne que me aventuraba recuerdos de antaño fue como el mástil que ondeaba la bandera de un letargo amoroso que podría venírseme de sopetón entre linajes del frio. Y así fue, inmóvil, como un destello dorado que busca hacerse paso entre una bruma, mi mente se dejó camelar por el hablar sinuoso del griterío femenino; una voz que me propuso al oído mocedades con cierta mujer que nunca (ni un solo segundo de mi vida) había dejado de querer. Y entre el sentir furioso de mis amigos que recibieron la noticia a regañadientes, el frio helado de la noche pasó a calar mis huesos, a helar mis pupilas, a enrojecer mis pómulos y endurecer su rosada piel. Su roce se hizo cercano, su voz buscaba mi oído intensamente, como un sueño hecho realidad; sus muslos rozaron los míos por descuido y mi mente cayó al abandono. La vida se tornaba de un color rosáceo de nuevo. Sentía el triunfo de mi falsa postura de dejadez durante siete intragables meses, era la victoria de una propuesta amorosa, la victoria de las tres frases que habían marcado mi vida desde el día en que ella desapareció de mi lado: On ne sait jamais (nunca se sabe), Tout peut changer (todo puede cambiar) y Pourquoi pas? (¿por qué no?).
Y ahora quería saberlo todo de ella, cambiar todo nuestro pasado y preguntarle por qué no me había besado antes. Pero la noche estaba muy fría y ambos solo pensábamos en abrazarnos y querernos sin pronunciar palabra alguna.
Y ahora quería saberlo todo de ella, cambiar todo nuestro pasado y preguntarle por qué no me había besado antes. Pero la noche estaba muy fría y ambos solo pensábamos en abrazarnos y querernos sin pronunciar palabra alguna.
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