Dicen que correr es de cobardes. Esta frase vaga entre las voces de aquellos que nunca han corrido por una razón de peso: aquellos que nunca han probado tus besos. Si lo hubieran hecho, si hubieran probado tus besos en alguna ocasión de sus vidas, entonces, sabrían que correr en busca de tus labios sedosos no denota cobardía sino deseos imperiosos e irrevocables. Todo esto lo pensé mientras mis pasos se aceleraban hasta hacerse frenéticos, entre el salpicar acuoso de las calles entristecidas. La noche hacía ya tiempo que había caído, se dibujaba en el cielo el fino hilillo de bruma airosa que desestructuraba los hechos. Tu tacto me encontró de repente, justo cuando frené mis andaduras, resbalando entre tu cuerpo y sintiendo mis manos incandescentes. Tus ojos me invitaron más allá del universo terrenal, mis pasos siguieron a los tuyos y tu voz, acariciando mi oído, sonó como un milagro secular que inundó mi mente de inmensa felicidad. Tu cuerpo acurrucado sobre mis rodillas, mis manos enredándose entre los jirones de tu pelo; así fue como mi cuerpo se inquietó, tiritó, sumido en tu calor, diciendo, entre vocablos a penas imperceptibles, mis sentimientos más íntimos, haciendo hincapié en lo importante, haciendo de mis palabras nuestro legado.
Tu mirada se hizo silenciosa, entre los dos se creó el estrecho vínculo de inocencia que ambos aún guardábamos en el destellar de nuestras miradas, tu costado se erizó al sentir mis heladas manos rozándolo y, sin saber muy bien por qué, el verde paisaje que se oscurecía entre las sombras, se tiñó de colores azulados, como en un sueño vivido.
Mis letras no me permiten afianzarme en detalles, la misma libertad que libera a mis manos en tu presencia, ahora me oprime y no me deja escribir la trasiega realidad. Solo diré que allí había mucho más que amistad, y que los hechos, sumergidos en el trasfondo de un sentimiento muy profundo, se hicieron con el mando. Si bien es verdad que yo detesto los contratos verbales, pienso que el día a día es el momento en el que uno ha de demostrar lo que siente; los números están creados por el hombre, el amor crea al hombre. Y aun odiando las cifras, pensé, miré sus ojos y no pude evitarlo. Acabé desechando el pasado para crear un nuevo futuro: mentira. No desecharía nuestro pasado por nada en el mundo.
Porque sé que cuando el sentir de todos sea felicitar por estupideces, entonces, yo diré " lo que cuenta no son los pactos verbales, sino el tiempo pasado, el amor que nunca se fue, y sobre todo, el amor que volvió. Para mí no empezó todo cuando ambos sentimos la necesidad de instaurarlo con palabras; para mí todo empezó más de un año atrás, cuando empecé a quererla, cuando me dejó marcado para nunca más poder olvidarla"
He llegado aquí vía tuenti, el año pasado iba contigo a la eoi. No está nada mal tu blog :)
ResponderEliminarUn saludo.
Pd: yo que tú me publicitaba un poco más, que esto está muy vacío.