martes, 30 de noviembre de 2010

Mis primeras aventuras con las palabras...


Sufrí una parada cardiaca y una aceleración de los sentimientos. Porque la vi. Y miré al cielo para evitar tener que soportar los nervios producidos por sentir su mirada clavada en mí. Como un clavo de alegría. No quería que sus ojos verdes hiciesen mella en mi ética y me desmoronase psicológicamente, acabando por rendirme a ella.
Así pues, como ya he dicho, me subordiné al despiste y no a sus curvas, y alcancé el máximo grado de nerviosismo cuando oí sus pasos a escasos metros de mi posición. Y creí explotar en el instante en  el que, como un dulce cántico que emanó de su boca, brotó un tímido pero increíble: “Hola” que me hizo girar la cabeza velozmente para mirarla.
Y cuando la vi... puf... ni el verso ni la prosa pueden explicar lo que yo sentí. Así que me ahorro en detalles. Aguardaré hasta que en el diccionario expliquen esos nuevos sentimientos que mi cuerpo produjo.
Sentimientos que nunca nadie antes había experimentado. Sentimientos. Creo que esa es una palabra demasiado antigua para calificar lo que mi cuerpo experimentó en su interior. Un torrente de emociones que casi me produjeron un desmayo emanaron por mi cuerpo.
Emociones que casi me hacen perder el sentido.
Pero no lo perdí, porque sabía que sin sentido no podría disfrutar de su presencia.

sábado, 27 de noviembre de 2010

On ne sait jamais.

Si algo he aprendido a lo largo de mi vida es a no dejarme llevar por la euforia.
Nunca.
Jamás.
La euforia no es más que un torrente de emociones positivas que te llevan a la felicidad en uno de sus  máximos grados. Incluso en ocasiones a uno le cuesta distinguir entre euforia y alegría. Para mí la diferencia es clarividente; la alegría es un sentimiento de bienestar en un grado básico. Un grado de andar por casa. Mientras que la euforia es el máximo exponente de la alegría cuando ésta tiene la cualidad de efímera. Es el punto más elevado al que uno puede aspirar ante una repentina felicidad.
Pero cuidado. Ten cuidado. La euforia te lleva hasta el cielo del optimismo, al lugar más alto del bienestar. Por lo que, siento decirte, que cuando tu euforia sea afectada por cualquier imprevisto, la caída sobre el abismo de la tristeza y el dolor, puede ser de las que no tienen parangón. De las que marcan eternamente.

jueves, 25 de noviembre de 2010

Me gustaría tanto...

J'aimerais tellement te dire ce que veut mon coeur
Mais je n'ai plus les mots.

Jena Lee


Llevo un tiempo infernal buscando esas palabras que digan justamente aquello que quiere decir mi corazón, pero no consigo encontrarlas.
Los mismos que alaban mi elocuencia son los que se cuestionan el porqué de mi estado de parálisis mental a la hora de encontrar la precisión inequívoca de unas palabras que puedan hacerme dar un paso adelante en mi situación y, así, cesar la represión amorosa que me arrastra y me condena como si de una avalancha de lodo se tratase. Alaban mi elocuencia pero ningunean mi trato a una situación de presión. Y puede que tengan razón. Puede que la solución sea callar y olvidar. Porque quién busca qué decir y no dice nada, es porque el silencio grita asustado por el miedo de perder un amor irrefrenable.

lunes, 22 de noviembre de 2010

Me dejo querer por todas, pero solo quiero a una.

Dar rienda suelta a los recuerdos nos ha inspirado para no olvidar la razón por la cual nos queríamos. Nunca es tarde para darse una segunda oportunidad.
Tú piensas en mi. Yo aun lo hago sin querer. Me preocupo, te busco allá donde creo que estás; me recluyo en casa y pienso en nosotros, en nuestro pasado instaurado en cada uno de los lugares a los que anduvimos juntos, esos lugares que ahora visito y me hacen añorar tantos momentos. También pienso en nuestros instantes escondidos; derrochando ganas y aguantando el miedo a perder, exprimiendo cada segundo de complicidad mutua como un bien inigualable, como el mejor regalo del mundo.
Busco palabras que puedan arreglar todo esto, que puedan saber a arrepentimiento. Esas palabras exactas, precisas, concisas y certeras que te hagan recordar el más que feliz pasado. Es decir, busco mi propia palingenesia.
Por suerte he descubierto que aun ansias encontrarme en la noche, que buscas mis besos desconsolada, que en nuestros cubículos de amor desesperas, te asustas entre llantos gritando mi nombre, que no puedes vivir sin una segunda oportunidad, ya que el amor, si es amor del verdadero, nunca llega a olvidarse por completo

miércoles, 17 de noviembre de 2010

Tachando lo injusto.

Hoy, sin esperarlo, una mujer de esas que saben amar incluso con la luz apagada, ha utilizado algo de ironía para acusarme de lo siguiente mientras hablabamos con delicadeza acerca de las mujeres en general: "por eso me enamoré de ti, por tu manera de mandarnos a la mierda". Tal acusación gratuita me ha dejado algo pensativo e incluso tocado de mi propia moral. Me he quedado callado, sin saber muy bien qué decir, y sintiendo bajo mi vientre un mar de sensaciones nauseabundas hacia mí mismo. No he podido evitar reflexionar acerca de la veracidad de sus palabras, acerca de ese injusto trato impropio de alguien como yo.
Me he autodefendido ensalzando mi delicadeza, ese sin fin de actos o palabras premeditadas que me han salvado de ser odiado por el extenso mundo de la mente femenina.
Al cabo de un rato, me he sentido febril, incluso bastante descontento conmigo mismo. Pero he pensado, he valorado mi vida, he hecho balanza de los momentos que han marcado mi existencia, esos momentos que han supuesto un antes y un después en mi trato con las mujeres. Y (ojo) sin realmente considerarme un hombre de mal trato con las chicas, he llegado a la conclusión de que mi posible odio hacía ese símbolo desasosegante (♀) que tanto dolor me ha causado, radique de una mala experiencia en medio de un sin fin de momentos increibles. Asi pues, me he propuesto no generalizar y no pagar con un colectivo, la imprudencia de una mujer inigualable.

domingo, 14 de noviembre de 2010

Mi mente sabe cómo hacerte volar a mi encuentro.

[...]
Un soir,
Un rendez-vous quelque part,
Dans un endriot discret,
On s'embrasse,
Et puis, on dine face à face,
Au petit jour,
Après l'amour, tu pars,
Me laissant seul dans le noir,
Avec mes rêves fous.
Une nuit ne suffit pas,
Pour t'aimer comme j'en ai envie,
J'aimerais faire avec toi,
Des coups de cœur, des coups de folie,
Une nuit ne suffit pas,
Pour t'aimer comme je l'ai choisi,
Je veux vivre avec toi,
Toutes les choses de la vie.

Frédéric François

Ahora que ya he perdido toda esperanza, ahora que estoy aquí, escribiendo a cerca de ti como algo rutinario, siento que vuelve a quemarme todo por dentro.
Creo que mis intenciones, las cuales provienen de un legado positivo y vehemente, no merecen este fin anunciado a gritos desde hace tiempo; gritos que un ser débil como yo, no ha querido asumir. Es un fin injusto para mi mente, un fin impensable en el antaño remoto, un fin desolador.
Solo espero que, allá donde nuestros caminos un dia se separaron, hayas dejado olvidado lo valioso de la vida: esa felicidadad que compartimos; y un día de tu vida vuelvas a por ella. No desconfies jamás de que ni siquiera el fin del mundo está lo suficientemente lejos para que yo vuelva caminando a tu encuentro, si es que deseas que nuestro caminos vuelvan a compartir gravilla y pisadas de esas que no se borran, por ser recuerdos.

viernes, 12 de noviembre de 2010

Los ilusos somos así.

Hoy, no se muy bien por qué, he decidido olvidarte de una vez por todas.
Lo decidí justo a la hora del almuerzo, envuelto en el ir y venir del aburrimiento profundo, solapando mis intenciones de decirte adiós para siempre con algo más que una mirada profunda y melancólica. Mi mente estalló en gritos de silencio. Cuando quise darme cuenta, mis ojos no veían más que trazos indescifrables de tiza, obra del ilustrísimo Granja que me miraba con cierto aire compasivo. Al cabo de un rato, algo desmotivado y sin entender mucho de que iba aquello que se entrelazaba de un lado al otro de la pizarra, quise recordarme que ya te había olvidado. Y al pensar en ese olvido volví a recordarte. Lógica aplastante. Y tanto que aplastante, desasosegante diría yo, quise llorar pero no lo hice con el fin de erigir con alteza mi infinitesimal reputación (si es que aun me queda). Granja se atusaba el bigote mientras mandaba a sus espectadores una mirada irrisoria. Nadie rió. Yo más bien tuve ganas de reír por no llorar, por no estrangular a nadie, por no ser infiel a mis principios de equidad, lo siento, tuve ganas de tambalear la estabilidad del buen ambiente, ganas de sentir la vida desde un punto vivaz; ganas de aplaudir en la cara de todos los compinches del viejo palabro " tristeza", de abanicar mi ira con mis puños bien cerrados.
No se oía más que el tac tac de la tiza contra el encerado. "Alguna gorda basura estará siendo impregnada sobre el tablero verde" pensé. Luego existí. Aunque hubiera preferida morir y desaparecer. O correr. Eso me hubiese encantado. Correr sin fin y desesperadamente sin rumbo alguno. Hacia ninguna parte, por ejemplo. Correr con ganas de chocarme contigo en la siguiente esquina para pedirte perdón y que me sonrías. Porque cuando amas a alguien tanto como para no poder dejar de pensar en ella ni un segundo, cuando la amas tanto que es imposible cesar su recuerdo en tu mente, entonces, merecerá la pena correr infatigablemente a por esa posibilidad casi inexistente que os tienda la mano hacia el edén de la felicidad.

martes, 9 de noviembre de 2010

Soñar es gratis. Yo también lo soy.

Cuatro luceros estancados en el vivaz brillo de tus ojos son mis ganas de vivir. Cuando duermes no puedo verlos. Se cierran timidamente entornando tu mundo en vida y, casi sin querer, caes sobre la tierra de los sueños.
Me encanta la tierra de los sueños. Se que soy la autoridad de tus posesiones en ese entrañable mundo. Yo mando, yo pongo las reglas, yo y solo yo soy quién decide lo que vas a soñar esta noche. A veces te hago aparecer en bellos lugares, conmigo de la mano hasta el fin del mundo; otras veces prefiero que sufras mi ausencia; en esos días me gusta visitarte cuando vuelves al mundo de los mortales, y así, puedo consolarte y abrazarte con consetimiento.
Últimamente estoy teniendo serios problemas. Me cuesta entrar en tus sueños, te haces dura, creo que quieres a otro. Me cuesta cruzar la barrera que separa el mundo terrestre con el de los sueños. ¿ Ya no piensas en mi? ¿ Ya no quieres soñar conmigo? ¿ Ya no quieres mis besos?
Son preguntas que me encierran en el trágico ir y devenir de los amargos sentimientos, pero que a la vez, hacen que el sufrimiento sea esa chispa invisible que derrumba lo rutinario, de esta anodina vida.

lunes, 8 de noviembre de 2010

El que juega con su vida está arriesgando y puede perder.

Se ha apagado el tiempo. Lo sé. Es el fin.
Lo dicen voces coherentes y aunque odie la coherencia no tengo mas remedio que creer a los gritos del destino.
Un día nos quisimos. Hablo de un día detrás de otro. Hasta que nuestro amor se quedo afónico de tanto gritar " te quiero". Y lo olvidamos, por dejar de oirlo en cada esquina, tras nuestros pasos; fue el fin de una historia que hizo nacer otra mortecina vida melancólica.
Yo descubrí lo que era la felicidad. Tú tan solo la oiste de lejos, de mi boca, la cual buscabas todos los días; mi boca que buscaba otra boca.
Y mis deseos nos mataron. Es triste saber que aunque me sustento en un simbolismo, lo muerto es irrecuperable: lo muerto, muerto está y no hay más vuelta de hoja. Y, aunque lo que un día nos separó sea lo mismo que hoy nos vuelve a unir, no hay coraje para volver a recordar, ni ganas de olvidar lo que perdí.