lunes, 3 de diciembre de 2012

Pues eso. Ni más ni menos.

Para explicar todo lo que quiero contigo voy a decir todo lo que no quiero de ti. 
No quiero despertar una mañana y pensar que nunca más voy a visitar tu casa. Que ya no vas a ponerte ese fino delantal con el estampado de una olla a presión y no me vas a mirar desde la distancia mientras pelas patatas. Que ya no voy a agitar el agua en cocción y te voy a salpicar con una cuchara cuando aún está templada. Que ya nunca más voy a viajar contigo, a esos lugares que solo tu y yo conocemos y que en sus lares emergen miles de recuerdos compartidos juntos. Que no voy a poder cogerte de la mano para pasear sin rumbo. 
No quiero despertar sabiendo que nunca voy a despertar contigo al lado, en mi cama, respirando tibiamente agazapada en un rincón del lecho. Que nunca más vamos a hacer el amor sin complejos, tirando el reloj al suelo, como si no importara el  tiempo. 
No quiero despertar sabiendo que nunca más te tendré para mí solo, que seas solo mía, que seamos nosotros en vez de tu y yo. 
Tengo clarísimo lo que no quiero, de igual manera que sé a ciencia cierta lo que sí quiero. A ti jolines, a ti.

sábado, 27 de octubre de 2012

Sueños de terciopelo.

En este preciso instante, justo ahora, solo me apetecen dos cosas. La primera sería encontrar a alguien que de verdad me quiera. Una mujer de esas que te llaman cuando no pueden conciliar el sueño y uno se siente encantado de compartir su insomnio. De las que te agarran de la mano y luego te abrazan sin que tu se lo pidas. De esa especie en extinción que te dice te quiero a la cara, mirándote fijamente a los ojos, casi en un susurro cercano a tus labios. La segunda cosa sería coger el coche, montarme en él con esa persona, y llevarla a un lugar donde nadie pueda seguirnos, un lugar donde la mera naturaleza sea la única compañía perceptible. Para así, tumbarnos en cualquier parte, cogidos de la mano, y sumidos en el ensueño de un tibio silencio, jurar nuestro amor a los cuatro vientos, firmando con besos un pacto de fidelidad que dure más allá de lo que nuestro sentimientos puedan surcar.

lunes, 8 de octubre de 2012

No perdemos nada por intentarlo.

Sé que lo nuestro muere por momentos, que la llama que avivaba nuestro legado se va apagando poco a poco. Pero no me importa. Tal vez en el futuro, cuando sea un mundanal viandante de cualquier ciudad sobre la faz de la tierra, me sentaré en un banco y me pondré melancólico al recordar todos los momentos que vivimos juntos, todo lo que pudimos ser pero nunca fuimos. A lo mejor alguna rebelde lágrima se muestra tan arrogante de resbalar por mi rostro sin previo aviso. Pero una cosa tengo clara, si lloro por aquello que nunca conseguimos llegar a ser juntos, que sea por pura melancolía, nunca por arrepentimiento de ni siquiera haberlo intentado.

domingo, 2 de septiembre de 2012

jueves, 30 de agosto de 2012

Razón2:

Ya no escribo porque te habías ido y ahora has vuelto, porque las promesas últimamente están baratas, porque ya no creo ni a mi jodida voz.

martes, 10 de julio de 2012

Einstein was right: "Time moves at different speeds"

¿Sabéis una cosa? El tiempo no es constante, ya lo dijo Einstein. Si dos gemelos se separan y mientras uno de ellos se queda en la tierra el otro se marcha de excursión al espacio quedándose éste último allí dando vueltas en una nave espacial que viaja a una velocidad cercana a la de la luz, al cabo de unos años, éste gemelo será más joven que el que se quedó en la tierra. Puede parecer increíble a oídos de todos aquellos que nunca han escuchado los estudios de Eintein, pero es cierto.
No quiero sonar como un aburrido sabelotodo, simplemente he enunciado ésta idea porque el otro día me percaté de que Einstein estaba enamorado. Sino, ¿por qué iba a darse cuenta de que el tiempo no es constante? A mi me pasa cuando me enamoro (desgraciadamente no muy a menudo), el tiempo se me va de las manos, se hace inestable, las horas sin ella pasan lentamente y los segundos compartidos se aceleran.

sábado, 7 de julio de 2012

Torpe yo.

Tu no decías muchas cosas. Que robabas la luna si hacía falta, pero que por favor dejase de llorar.
Recuerdo que aquella noche me miraste fijamente a los ojos, con un perenne sentimiento de culpabilidad en tu mirada. Tocabas mi pelo como si de un arpa se tratase y en tu pecho se oía el tintineo de tu corazón repicando. Estabas sufriendo por mi. Luego me agarraste fuertemente la cara y me besaste como si te fuese la vida en ello, me acariciaste las mejillas con el fino tacto de tu meliflua piel para luego más tarde balbucear un par de reclamos a la tranquilidad. Fue algo después cuando me callaste los labios una vez más, entreabriendo los ojos, con un dedo apoyado sobre mi nariz.
No hiciste mucho más aquella noche. Me diste un abrazo pletórico de fuerzas, de ganas, de amor, de deseo, de rabia; dejaste caer un par de gotas sobre tu rostro y me besaste toda la cara, una y otra vez, sin despegar tus manos de mi nuca. El último de los besos duró alrededor de cinco segundos, y fueron los cinco segundos más intensos de mi vida, los más increíbles. Después de eso te marchaste. Para siempre. Y tras tus pasos te persiguieron tus promesas, tus juramentos, todos los te quiero que dijiste que serían eternos, hoy ya no son más que tristes recuerdos.

sábado, 2 de junio de 2012

Manual para torpes:

Desde que el amor llegase a la puerta de mis recuerdos, he gastado (tal vez malgastado) gran parte de mi tiempo buscando la manera perfecta de entablar una relación de amor con alguien. Soy un maldito calculador. Un hombre cuyos planes siguen un estricto guión que hace de los momentos un recuerdo único.
Tal vez debería dejarme llevar un poco más por el arte de la improvisación. Es posible que así debiera ser. Pero voy a dejar constancia de las razones por las cuales no lo hago. Decirlo me ayudará a dejar un poco más clarividente la manera de encontrar el amor perfecto(al menos para mí es así).
¿Vosotras sabéis lo que son las casualidades? Cierto, lo sabéis. Pues no existen. Cuando una mujer ha quedado deslumbrada por una cierta casualidad que nos ha ocurrido, lo que ella no sabe es que yo llevaba meses planeando al dedillo cada uno de los pasos óptimos que me llevasen a conseguir mi propósito. Si improviso no hay casualidades. Si no hay casualidades ellas no sonríen con ese toque de placeba picardía. Y a mí eso me encanta. Me encanta que todo sea perfecto. Me encanta que ellas disfruten, porque, lógicamente, si ella se siente bien, a uno no le resulta nada difícil mantenerse contento y disfrutar.
Luego ellas llegan a casa y, por mi ausencia, se preguntan una y otra vez qué narices hacen conmigo, que tampoco soy para tanto. Es en esos momentos cuando "las casualidades" harán que ellas sucumban a un nuevo momento inigualable que les recuerde por qué me eligieron a mi y no a otro. Esa es la clave: dejar que ellas te cuestionen, para abrigarles el corazón de razones para seguir por el mismo camino.

miércoles, 30 de mayo de 2012

¿Qué comprarías en una tienda de sonidos?

Yo retrocedí un paso. Me había asustado. Pero no dudé, hurgué en mis bolsillos y tras unos segundos saqué una foto en la que se podía ver a una chica bastante guapa ataviada con un trasfondo de dulzura en la mirada. Sin titubear lo más mínimo entregué el retrato al joven muchacho que se hallaba tras el mostrador, quien examinó a la chica con curiosidad.
- ¿Qué quieres de esta chica?
No sabía muy bien qué pedirle. Era la primera vez que estaba en una tienda de sonidos.
No sé si alguna vez habéis estado en una, pero si en cierta ocasión os decidís por ir, pensaos qué vais a comprar antes de entrar; sobre la marcha resulta arduo y afanoso decidirse.
Yo me puse a pensar en diversos sonidos que me gustasen de ella: sus burlas, sus pesares, sus enfados, sus ironías... pero no, ninguno de esos sonidos me complacía.
- Su risa por favor.
Y cuando hube soltado mi apetencia, el dependiente se movió de su asiento para ausentarse. Al cabo de unos segundos volvió con una pequeña cajita que acercó a su oreja. Se quedó unos segundos escuchando el preciado sonido que provenía del interior del recipiente: la sonrisa de ella. Transcurrieron alrededor de diez segundos en los cuales el dependiente se quedó inmóvil, como alcanzado por un rayo de tranquilidad. Cuando terminó de escuchar me cedió la caja y murmuró unas simples palabras.
- Tienes suerte de conocer a una chica con una risa tan bonita.
Yo me avergoncé un poco.
- Si, la tengo.

viernes, 27 de abril de 2012

Te escribo a ti:

No quería ponerme a escribir, pero tengo que hacerlo, tengo que darte la mala noticia que hace tiempo que venía suponiendo. Me voy. Me voy para no volver. Lejos de ti, lejos de tu presencia. Posiblemente cuando has desdoblado esta carta yo ya estaba de caminando a mi nuevo hogar, con la cabeza agachada y las maletas en la mano. No he tenido el valor suficiente para ir  por última vez a tu casa, para decirte adiós y repetirte una vez más todo lo que te quiero. Soy un cobarde, lo sé, lo asumo.
Pero entiéndeme, se me ha partido el corazón al dejar atrás todo lo que tengo en esta ciudad. Aquí, en casa, mi madre aún deambula incrédula, me ha visto con las maletas en la puerta y lo único que me ha pedido es que por favor, no llegue tarde y que, si lo hago, le llame previamente. Me ha agarrado fuertemente la cara con las dos manos y me ha besado en la mejilla aguantando el llanto. "Mamá, que ya no vuelvo" le he dicho apesadumbrado. Pero ella no ha querido hacerme caso, simplemente se ha limitado a mirar a mi abuelo con un ávido semblante de urgencia. Él por su parte, ha frotado sus rugosas manos y ha dejado caer alguna que otra lágrima por su arrugado rostro, dejando entrever una absurda sonrisa de complacencia hacia la idea de que yo me fuese.

No quiero que te pongas triste, ya sabes que no me gusta verte llorar y menos aún con algo que yo mismo he escrito, porque recuerda una cosa: cuando estés triste, yo estaré pensando en ti; cuando rías, yo estaré pensando en ti; cuando huyas, yo estaré pensando en ti; cuando te sientas sola, yo estaré pensando en ti; y si en algún momento a ti te da por pensar en mí, por favor, hazmelo saber, que quiero volver a recordar de qué iba eso de llorar de felicidad.

viernes, 20 de abril de 2012

Razón1:

Últimamente no escribo porque me dan igual las palabras, para mi solo valen los actos.

jueves, 29 de marzo de 2012

Del amor al odio hay un paso y yo me caí por el camino:

Desde tú voz a la mía hay seis meses de angustia, cuatro días de desgana, ocho horas de incertidumbre. Cuento con minuciosidad el tiempo que hace que te has marchado, como el que cuenta granos de arena en el desierto, sin una razón aparente, sin un objetivo claro, pero con la esperanza de encontrar algo de agua que calme ésta sed que tengo de ti.
También calculo distancias. Ya sabes que me vuelven loco los números como, por ejemplo, ese par de labios que tienes. Ayer mismo me acordé de ellos e hice resbalar por mi rostro seis o siete gotitas de puro llanto. Hoy, sin embargo, estoy algo más contento. Me he despertado positivo, sosegado y prudente. He ido a la cocina y no he hablado con nadie. Porque los números son la mera exactitud de todo lo mensurable. ¿Es el amor mensurable? No lo sé. El mío puedo afirmar que no.
Tal vez por ello en el campo del amor las distancias varíen. Tal vez por eso del amor al odio haya un paso, pero del odio al amor haya kilómetros.

domingo, 4 de marzo de 2012

¿No?

Si dices que vais a comenzar de cero, empieza por dejar de quererle.
¿No puedes?
Entonces tampoco podéis empezar de cero.

viernes, 17 de febrero de 2012

Necesidad de escribir lo que sea:

Lo malo de la inspiración (voy a hablar de ella porque es inerte, y si le insulto no se queja) es que es bastante escurridiza. Escribes tres palabras sobre el papel, casi sin pensarlas, y la cuarta se te atasca entre los dedos sin una aparente pretensión de querer salir. Me duele enormemente no poder escribir nada coherente. Pero no es lo único que me daña. También lo hacen las personas que me dicen que no escribo porque ya no estoy enamorado. Me causa un gran dolor que piensen que ya no lo estoy. Ellos no saben nada. No saben lo que es luchar contra la corriente, contra la fría ventisca que me hiela los dientes cada vez que sonrío con el ánimo plagado de inherentes ganas de llorar. Pero piensan que un rostro que sonríe es un alma contento. Y se equivocan. Se equivocan enormemente.
Ellos nunca han amado. Han vivido secuelas de la pura atracción con personas aparentemente buenas que acabaron cayendo en el fondo del saco de lo meramente banal. Prometieron bonitas historias de amor y no dieron más que llantos a media noche. Yo he dado llantos a media noche, pero de risas desfogadas.
Por aquel entonces ella se burlaba de mis tonterías, incluso se atrevía a decirme que era un poco tonto.
Y tenía razón. Fui un tonto por enamorarme de una persona como ella.

martes, 17 de enero de 2012

Diclorodifeniltricloroetano:

Decías que, si te quedabas callada, te asegurabas el no contradecirme, que alomejor así conseguías que me enamorase de ti. A mi me gustaba tu inocencia, tus ojos color miel y el empíreo oculto entre tus labios.
Tu eras amante de los días pares, el diez y el doce por excelencia, y odiabas que te hablase en lengua francesa con el pretexto de que el inglés era la belleza absoluta. Y la verdad, tenías serias razones para afirmarlo.
Cada vez que yo te decía que era imposible que me enamorase de ti, me cogías de la mano y me contabas juegos de palabras anglófonos. Decías que la palabra imposible provenía del inglés, del vocablo impossible y que gracias a esa palabra todo era posible. Ese mismo día me fui a casa sin entender muy bien a qué te referías. Pero ahora lo entiendo todo y debí creerte, debía haberme dado cuenta de que la palabra impossible intenta gritar desde lo oculto una verdad irrefutable: I-m-possible. I´m possible, es decir, soy posible.
Aquella noche me fui a la cama con el convencimiento de que los posibles son posibles, y los imposibles pueden serlo, solo hay que saber interpretarlos.

miércoles, 11 de enero de 2012

Dodecaedro.

El nuevo Alejandro no sabe escribir. Me hallo enseñándole.
Disculpen las molestias.

domingo, 1 de enero de 2012

El amor nos unió y nos separa:

Hoy me he levantado temprano, a penas dos horas después de llegar a casa, simplemente para decirte adiós para siempre pidiéndote mis más sinceros perdones.
Quiero que me perdones, en primer lugar, por aquellas noches de invierno en las que dormimos juntos bajo aquel estrecho edredón que a penas cubría un cuerpo y, a pesar de que insistías en que más o menos lo compartiésemos, yo siempre te lo cedía tapándote cuidadosamente cuando te quedabas dormida.
Perdóname también por las tardes de verano en las que te llevé al campo para que nos tumbásemos en la hierba a tomar el sol cogidos de la mano. Te quedabas tumbada boca arriba y entornando los ojos para evitar el sol, dejabas entrever una sonrisa en tu rostro.
Te pido perdón por las mañanas en las que bajabas a por el correo y me encontrabas recién llegado de fiesta, medio adormilado, esperándote en el descansillo para desearte los buenos días con una enorme sonrisa en la cara.
En definitiva, solo espero que me perdones por haber sido tan idiota como para querer hacerte sentir la chica más especial del mundo, como para demostrarte en los momentos más insospechados todo lo que me importabas. Y por supuesto, perdón por no darme cuenta de que querías a otro.
Adiós.