sábado, 2 de junio de 2012

Manual para torpes:

Desde que el amor llegase a la puerta de mis recuerdos, he gastado (tal vez malgastado) gran parte de mi tiempo buscando la manera perfecta de entablar una relación de amor con alguien. Soy un maldito calculador. Un hombre cuyos planes siguen un estricto guión que hace de los momentos un recuerdo único.
Tal vez debería dejarme llevar un poco más por el arte de la improvisación. Es posible que así debiera ser. Pero voy a dejar constancia de las razones por las cuales no lo hago. Decirlo me ayudará a dejar un poco más clarividente la manera de encontrar el amor perfecto(al menos para mí es así).
¿Vosotras sabéis lo que son las casualidades? Cierto, lo sabéis. Pues no existen. Cuando una mujer ha quedado deslumbrada por una cierta casualidad que nos ha ocurrido, lo que ella no sabe es que yo llevaba meses planeando al dedillo cada uno de los pasos óptimos que me llevasen a conseguir mi propósito. Si improviso no hay casualidades. Si no hay casualidades ellas no sonríen con ese toque de placeba picardía. Y a mí eso me encanta. Me encanta que todo sea perfecto. Me encanta que ellas disfruten, porque, lógicamente, si ella se siente bien, a uno no le resulta nada difícil mantenerse contento y disfrutar.
Luego ellas llegan a casa y, por mi ausencia, se preguntan una y otra vez qué narices hacen conmigo, que tampoco soy para tanto. Es en esos momentos cuando "las casualidades" harán que ellas sucumban a un nuevo momento inigualable que les recuerde por qué me eligieron a mi y no a otro. Esa es la clave: dejar que ellas te cuestionen, para abrigarles el corazón de razones para seguir por el mismo camino.

No hay comentarios:

Publicar un comentario