lunes, 28 de noviembre de 2011

No sé muy bien qué decir:

Nunca escribo por gusto. Lo he dicho millones de veces. Cada vez que lo hago me mueve una intensa necesidad imperiosa que no puedo eludir.
Cuando tengo en estado de inquietud un sentimiento, un pensamiento, cuando intento inventar el futuro o reeditar mi pasado hablo con mi boli y él procura alcanzar la belleza literaria.
He dicho que nunca escribo por gusto.
Excepto hoy.

sábado, 19 de noviembre de 2011

El Hombre es iluso por naturaleza:

Lo he estado pensando seriamente y, si yo tuviera un perro, le hablaría en francés. El español no se entiende bien, es un idioma muy confuso y ya bastante confusión tienen los pobres chuchos persiguiendo su propio rabo como para que les demos ordenes en una extraña lengua. Además, el otro día me percaté de que, en ocasiones, el melifluo balbuceo del habla francesa se asemeja a la peculiar sonoridad de un ladrido perruno.
En casa cuento estas ideas mías y me dicen que estoy loco de remate. Y yo les digo que estoy de acuerdo. 
A veces se me ocurren otras cosas y a mi padre le hacen gracia. Yo no lo entiendo, no eran ningún chiste. Tal vez soy un pobre incomprendido o un ser amordazado por la vesania de tantas experiencias desastrosas. 
No me gusta nada cuando mi padre me dice que soy un iluso. Esto suele ocurrir ya cayendo la noche, cuando le entra la corazonada de que le va a tocar la lotería y se sienta en el sofá, frente a la tele, a contemplar su suerte rodando en forma de números. Siempre me promete lo mismo si la suerte le sonríe: un coche para ti, Alejandro. No se entera. Yo no quiero un coche. Me ofrece su fortuna en forma de trasto de hierro y yo me siento a su lado con los labios apretados y un zumbel de ira en la cara: yo quiero una canoa. 
Afirmo esto como en un susurro y a mi padre le entra la risa. Él es un tipo demasiado simple como  para entenderme, para entender que mis pies son el mejor medio para llevarme a cualquier parte excepto por encima del agua: ¡por eso quiero una canoa! Porque en la calle hay miles de personas y mi sueño es llevarle, a ella, a cualquier lugar a la deriva flotando entre el valls de las aguas. Que yo reme y ella me haga cosquillas en la espalda o me bese la nuca. Pero esto mi padre no lo entiende. Tampoco entiende que aún siga enamorado de ella. Me dice que acepte que ya se ha acabado, que no hay nada más que hacer. Es en esos momentos cuando veo en sus ojos al hombre que cada noche espera que le toque la lotería y pienso que tal vez soy un poco como él: un iluso que espera con ansia que algo ocurra aún a sabiendas de que las posibilidades son mínimas. Pero ojo, si ella volviese a mis brazos, nunca le ofrecería algo sencillo, simplemente le daría felicidad en estado puro, algo que la gente prácticamente tiene ya olvidado.

miércoles, 16 de noviembre de 2011

Cosas que traen de cabeza a quién todos decían que no tenía.

- Si calculases todos los segundos que gastas pensando en ella, te deprimirías por el tiempo perdido.
- ¿Crees que soy tan fácil de deprimir?
- No, creo que piensas demasiado en ella.

martes, 15 de noviembre de 2011

Sabes que estas cosas pasan.

Soy tan torpe que, al intentar secundar la teoría que afirma aquello de que un clavo saca a otro clavo, he clavado cuantiosos clavos alrededor del tuyo.

domingo, 13 de noviembre de 2011

Lo que toca.

Y volver a hacer amigas hasta en el infierno, y que en ese infierno acabes dormido. 
Despertar en un lugar remoto, sobre una cama ajena y abrazado a una tal anónima. 
Odiar la luz de la mañana, y reprochar entre murmullos que la ventana no pueda frenar un pequeño rayo que te perturba.
Quedarte anonadado pensando qué es lo que ha ocurrido: y asi poder reirte de tu puta vida.

viernes, 11 de noviembre de 2011

Diciembre es gélido si te ausentas. Ocurre lo mismo en Julio.

Cuando solía cerrar la puerta de tu habitación con sigilo, para que tu padre no se despertase, enmudecías cada vez que te susurraba vocablos inertes en lengua francófona.
Sentada en la cama apoyabas tu espalda contra la pared y mirabas desde la distancia cómo iba hacia ti andando de puntillas.
Siempre llevabas un extraño mejunje de colores como atuendo, y una sudadera bastante holgada por la que solo sobresalían tus finos dedos. La noche la llevabas en la mirada y el día en tus sonrisas ocultas.
Llevabas en tus labios mariposas que cuando me besabas revoloteaban en mi estómago.

miércoles, 9 de noviembre de 2011

No sé si me explico:

Solo se me ocurrió saciar mi furia con algo que me revitalizara: el alcohol, veneno corrosivo pero eficaz en los malos momentos. Eché unos hielos como trocitos de mi ser para enfriar aquel soso líquido que pronto acabó por embriagarme. 
Y cuando ya no quedaba ni una gota de este maléfico veneno, comprendí por qué mi cuerpo se estremecía cada vez que ella se acercaba a mí como si una ventolera de frío me hubiese azotado.
Comprendí que su alentadora conducta me había dejado helado, y que solo me salvaba de mi propia hecatombe su actitud de mujer fría y calculadora. Yo era un ser de hielo, ella esa frialdad que me mantenía con vida.
Así pues, al igual que cuando el frío se aleja del hielo de él brotan gotas producto del derretimiento, cuando ella se alejaba de mí brotaban gotas de mis ojos, fruto del derretimiento de mi helado corazón.

lunes, 7 de noviembre de 2011

Pues eso.

Podría ser el hombre más cansado del mundo, el más enteco, haber perdido una pierna, un brazo, o la razón (o lo que sea), y aun así, lo que estaría claro sería que, si tu me lo pides, voy a buscarte al fin del mundo aunque solo sea para decirte "hola" o para recordarte lo guapa que te has levantado esta mañana.

domingo, 6 de noviembre de 2011

¿Tu no lo haces?

Añoro aquel tiempo en el que disfrutar un segundo juntos era lo suficiente para que los dos fuésemos felices, donde arrancar un momento de complicidad mutua era una ardua tarea que realizábamos sin quejumbre alguna; un tiempo donde no existía mi felicidad, existía TÚ felicidad, y a mi, con eso, me era suficiente para vivir tranquilo.

Hola y adiós.

La chica de la biblioteca es la misma de siempre, la de la piel clara y los ojos oscuros. La que me mira a urtadillas y examina mis apuntes, la que le tiembla el labio cuando le devuelvo la mirada. La que tiene las manos pequeñas y acaricia las vetas de la mesa con un gesto distraido. La que me susurra para que no le oiga, la que sonríe en mi quejumbra. La chica de la biblioteca es castaña y tiene los ojos marrones y no duda cuando me dice: me gustas.

jueves, 3 de noviembre de 2011

Terapia de choque:

Decididamente no nos enamoramos de las personas sino de los recuerdos.
De lo contrario, ¿cómo explicas que por mucho daño que nos haga la persona a la que amamos no dejemos de quererla? Muy fácil: por los recuerdos, por los instantes compartidos, por aquellos momentos juntos que hicieron de tu vida una vivencia única.
Tal vez el amor triunfe cuando aprendamos a enamorarnos de la cara bonita de menganita, de sus buenos actos, de sus buenas intenciones, de sus ganas de abrazarte y entregarse a ti íntegramente, haciendo inexistentes las adversidades.

miércoles, 2 de noviembre de 2011

C´est la fin d´une histoire:

Cuando estoy triste acostumbro a hablar en francés.
Et maintenant je me demande moi même si ce tout vaut vraiment la peine...

martes, 1 de noviembre de 2011

Pienso luego existes:

Donde hubo fuego aún quedan ramas y cenizas que un soplo de esperanza puede avivar de repente.
Y volver al pasado en un presente soñado. Crear una nueva vida. Empezar lo ya olvidado. Encontrar el porqué de nuestras palabras del pasado, de nuestros "te quiero" cautivos; encontrar una razón para existir, una razón para sonreír sin remordimientos. Una razón para besarnos como nunca y querernos como siempre.
Son deseos. Deseos que arden. Deseos que queman. Imágenes del pasado, que aparecen en cada esquina de esta pequeña ciudad, en cada recoveco allá donde mis pasos me llevan, en cada estancia de mi cuerpo dormitante, se amarran mis lagrimas sobre mis ojos, se atascan mis palabras entre mi lengua para evitar evocar un pasado jocoso, risueño, infravalorado, sosegante en su momento, pero desamparante en un presente ya frustrado.
Oigo voces que me cantan. Gente que crea palabras maduras pretendiendo llevarme al olvido. Pero si tan solo un segundo de mi mente ella se borra, si tan solo un segundo es el tiempo que yace mi pasado en vida como un deseo ya perdido, entonces grita mi esperanza, a lo lejos, para recordarme que es un sentimiento que reanima mi cuerpo destrozado, en las noches en que en mi mente, los silencios, suenan como gritos.