miércoles, 16 de febrero de 2011

Miedo a la experiencia.



Anoche me inundó, me atavió los ojos del sufrimiento más innato; me sentía como un niño que no sabe el porqué pero se entristece y llora desconsolado: mi noche sucumbió a los buenos momentos. Fue el angustioso miedo. Lo sé. A veces se hace con el control de mis sentimientos y no puedo evitarlo, por más que intento evadirme de mis recuerdos y sentirme impulsado por la felicidad de mi presente, el sufrimiento que se instauró en mi sino desde que el silencio emanase de su boca se manifiesta de forma incontrolable.
En voz baja, con un susurro ahogado y melancólico, imploro que te necesito. Me siento solo en tu ausencia. Tengo tanto miedo. Tengo tanto miedo. Tengo tanto miedo. Quería que quedase claro, es la realidad; el gozoso sentimiento de felicidad ya me inundó una vez, por lo que ya sé lo que es caer desde lo más alto del amor. Sé lo que es estar meses y meses cayendo a través de un oscuro pozo sin fondo, sin poder encontrar la muerte de un sentimiento. Tengo tanto miedo. Tengo tanto miedo. Tengo tanto miedo. Hoy no puedo más, no puedo quererla más, no puedo sentirla tan distante o, de lo contrario, saltarán mis sospechas, me avasallará el mal trago de su ausencia. Es curioso que este miedo me inunde justo ahora, es curioso que algo tan pequeño como ella, pueda ser para mí, todo.

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