jueves, 5 de mayo de 2011
Lo que te dije aquella noche al oído.
Nuestra historia es para quinceañeras aunque yo no sea un tipo moreno, cachas y con moto. Soy más bien pajizo (tal y como mi propia madre me describe), con un estúpido remolino en la parte derecha del pelo y esa cara de tonto que no puedo evitar poner cada vez que estás conmigo. Ni siquiera tengo moto, ni coche, ni bicicleta, aunque si unos firmes dedos de los cuales puedes agarrarte tantas veces como quieras: te llevaré, si me lo pides, a lugares donde ningún vehículo podría transportarte. Tengo un viejo móvil que no sé muy bien si sirve para llamar o más bien es una arma arrojadiza; tengo los pies pequeños (cuando me vale un 40 hay fiesta en casa), las manos enanas y el cuerpo endeble; te resultará arduo y afanoso encontrar un músculo marcado a lo largo de mi torso o mis brazos. Y lo siento. Te pido perdón por ello. Sé que toda mujer sueña con el guaperas de turno, para vivir la historia de amor más bonita jamás contada y enamorarse de un cuerpo y un alma inigualable. Pero yo no lo elegí, nací así y punto. Yo solo quiero que te enamores de todo aquello que hay en mí y he podido elegir, de lo que hago o digo, de lo que escribo, de lo que pienso. De todo aquello que siento, de cómo te miro, de cómo te hablo, de cómo te callo. Porque el cuerpo es efímero, y el amor hacia él lo será también, pero los sentimientos son manchas imborrables que, una vez que te quedas impregnado con ellas, se quedarán en ti por siempre.
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De cómo te miro, de cómo te hablo, de cómo te callo.
ResponderEliminarMe encanta.