- ¿A qué has venido? - Se atrevió a preguntarme.
Yo llevaba más de media hora mirándola fijamente, viéndola callada y con ganas de llorar.
- He venido a verte, a alambicar tu realidad.
Ella pareció no entender nada y disimuló su confusión limpiando un poco la mesa.
- ¿Qué significa alambicar? - Me dijo sin mirarme, dándome la espalda mientras hacía círculos confusos sobre la mesa con una bayeta.
- Déjate de limpiar nada, yo quería mirarte y verte triste.
- Eres gilipollas... ¿Qué significa alambicar?
- ¿Por qué me insultas? - y entonces así su cintura y le soplé en la nuca, sus castaños mechones trazaron un extraño vaivén.
- ¿Qué significa alambicar?
En esos momentos me recordó al tierno Principito, con ese afán de no renunciar nunca a una pregunta una vez formulada. Me inundó la sensación de que ella venía de otro planeta y sus manos eran tan pueriles como las de los infantes niños del parque. Me sentí apocado y con cierto odio a mí mismo por lo que estaba haciendo y, sin soltar su cintura, le respondí:
- Alambicar es analizar atentamente algo, y eso es lo que hago yo; veo la realidad, la analizo y luego hablo de ella - La solté y me fui lentamente hacia la puerta.
- ¿Te vas ya? No te vayas por favor,...
- Solo vine a decirte que no te quiero, que las cosas no salen siempre como a uno le gustaría...
Una pequeña gota brotó de su ojo.
- ... pero recuerda, igual que las cosas cambian a mal, pueden cambiar a bien. Lo bueno de la vida es imprevisible.
Y dejé a una pobre chica sollozando sin consuelo, pero con la esperanza plantada en el corazón.
Me encantan el Principito y las estrellas que saben reir.
ResponderEliminarEl Principito es uno de los libros que más me gustan sino el que más.
ResponderEliminar