Ahora que el año se va, toca ahogar las penas justo antes de afrontar un nuevo vaivén de 366 días sin casi tiempo para pararse a pensar. Yo ahora lo hago y se me vienen a la mente cuantiosos enigmas sin resolver.
Pero no me importa, juro solemnemente y pongo a las palabras por testigo de que, esta noche cuando deambule meditabundo y confundido por el acuoso sabor del alcohol, me acordaré de cómo olvidarte y pensaré en tu cara como un evento pasado. No querré saber nada de ti. Y entonces me iré al baño para mirarme en el espejo y darme unas palmaditas en la espalda para saludar al nuevo Alejandro.
Chaval, hay que renovarse ;)
ResponderEliminar