sábado, 28 de mayo de 2011

Nuestros lugares.

Lejos del ruido, los silencios saben a melancolía, las palabras a desorbitadas e inestables imprudencias. Luego me cuentas cosas al oído, en voz baja para no desestabilizar la tranquilidad, y se me pone la piel de gallina. Me agarras con fuerza, clavando tus pueriles dedos en mi costado, mirándome desde cerca con el estable brillo del nácar encerrado en tus ojos. Y entonces me acuerdo de por qué me enamoré de ti.

domingo, 22 de mayo de 2011

Inspiración se fue de vacaciones.

Por la tarde fui a nuestra calle favorita, esa cuyo nombre desconocemos y hemos apodado a nuestro antojo bajo vocablos que denotan nuestro amor. Cuando llegué, a eso de las siete, había la misma gente de siempre: Rosa, la quiosquera, estaba aburrida sobre su banqueta y Juan ya se había pasado todos los niveles del buscaminas en su viejo ordenador de mesa. Yo pasé por allí como otras muchas tardes y me preguntaron por ti. Se extrañaron de no verme contigo y creyeron que había pasado algo malo entre nosotros por lo que, Rosa, puso cara de echar broncas y te lisonjeó a más no poder, intentando convencerme de que no encontraré mejor mujer que tú en ninguna parte. Me hace gracia que te llame mujer con la pequeña que eres. Pero tiene razón, viéndote crecer me he dado cuenta de que ya eres toda una mujer, que ya no titubeas, que Rosa no miente cuando dice que no encontraré a otra que te iguale. Entonces, una vez escuchado el sermón de Rosa, le he explicado que no había pasado nada malo entre nosotros.
Cuando hube terminado de charlar con mi quiosquera favorita, crucé la calle hasta el descampado de La Merca. Allí no había más que un amarillento suelo polvoriento y árido repleto de piedras y florecientes hierbas malignas. Me hice con unas cuantas piedras y me las eché en el bolsillo procurando no manchar mucho mi camiseta. Al acabar, volví a pasar por el quisco de Rosa, pero esta vez no me paré a charlar sino que fui más allá, hasta el despacho de Juan y le saludé con la mano desde el otro lado de la cristalera. Allí me detuve y empecé a bombardear cada una de las farolas de la calle con mis piedras, provocando explosiones de cristales a causa de las bombillas. Cuando iba por la tercera farola Rosa salió corriendo de su habitáculo gritándome improperios. Pero yo no le escuchaba, tenía un objetivo y a eso de las siete y media ya había reventado las trece bombillas de la calle. Rosa me prestó una escoba a regañadientes mientras me tomaba por loco. Y barrí todos los diminutos cristales porque yo puedo ser muchas cosas pero no un cochino.
A las diez de la noche la calle estaba desierta y no había ni una gota de luz. Lo único que por allí lucía era la oscuridad sicodélica. Y entonces llegaste tú. Asustada por la oscuridad,  me pediste que te guiase. Tapándote los ojos con las manos te llevé al lugar más recóndito de nuestra calle. Justo delante del portal número ocho había una manta blanca que yo había colocado con premeditación y allí nos tumbamos. Lo que la ausencia de luz no dejó ver fue que no dejé de sonreír desde que llegaste hasta que a la mañana siguiente te fuiste, pero sí que dejó ver esas gotitas de luz que brillan en el cielo y que la gente llama estrellas. Decías y dices que son como mis ojos. Y entonces me pongo romántico.

sábado, 14 de mayo de 2011

jueves, 12 de mayo de 2011

La realidad y sus desastres.

Mi tierra tiembla y yo tirito. Y al sur de la misma comunidad que me vio nacer, los afanosos quehaceres de una tarde cualquiera son el caos más rotundo. Todos lo han sentido, la tierra se ha movido sin que nadie lo esperase y las gentes huyen de sus casas despavoridas buscando un lugar donde sentirse a salvo. Algunos de ellos lo consiguen, otros tantos esquivan a tientas a la muchedumbre y ofrecen sus brazos a los que yacen tumbados y heridos sobre el pavimento. Hay unos niños que lloran porque la tarde de juego y diversión empieza a tornarse un tanto apocalíptica, y los que no lloran, se aferran a las manos de sus madres con cara de oprimidos. En los entramados callejeros empiezan a acumularse escombros que empolvan los recuerdos de muchos hombres y mujeres que ven como pedruscos enormes caen desde las alturas golpeando a la gente, matando, hiriendo. Algunos gitanos lloran viendo como las mismas casas que cada día les han dado cobijo, se rebelan contra ellos con estruendos que saben a muerte.
Cuando la paz se recuperó, un nuevo temblor me hizo tiritar. La tierra nunca está satisfecha cuando se propone matar, y muchos viandantes que ya se creían a salvo, se vieron sorprendidos por nuevos edificios derrumbándose y marcando el fin de sus vidas; gente noble que solo quería vivir y sonreír, gente como nosotros que, sin que hayan podido hacer nada para evitarlo, han tenido la mala suerte de ocupar el trágico elenco de las víctimas de este triste desastre natural.
Yo siento un alivio egoísta en mi pecho al saber que los míos están bien, que lo han sentido, que han podido comprobar cómo la tierra se movía y las casas sufrían frenéticos temblores. Pero están vivos. Eso es lo importante. Entonces me asalta la tristeza. Y si les hubiera pasado algo....

lunes, 9 de mayo de 2011

Esperanza, brota por favor.

Sobre la mesa había unas cascaras de plátano y unas blanquecinas briznas de mandarina. Ella estaba al lado, sentada en una silla mirándome con dolencia, queriéndome decir algo pero no sabiendo cómo.
- ¿A qué has venido? - Se atrevió a preguntarme.
Yo llevaba más de media hora mirándola fijamente, viéndola callada y con ganas de llorar.
- He venido a verte, a alambicar tu realidad.
Ella pareció no entender nada y disimuló su confusión limpiando un poco la mesa.
- ¿Qué significa alambicar? - Me dijo sin mirarme, dándome la espalda mientras hacía círculos confusos sobre la mesa con una bayeta.
- Déjate de limpiar nada, yo quería mirarte y verte triste.
- Eres gilipollas... ¿Qué significa alambicar?
- ¿Por qué me insultas? - y entonces así su cintura y le soplé en la nuca, sus castaños mechones trazaron un extraño vaivén.
- ¿Qué significa alambicar?
En esos momentos me recordó al tierno Principito, con ese afán de no renunciar nunca a una pregunta una vez formulada. Me inundó la sensación de que ella venía de otro planeta y sus manos eran tan pueriles como las de los infantes niños del parque. Me sentí apocado y con cierto odio a mí mismo por lo que estaba haciendo y, sin soltar su cintura, le respondí:
- Alambicar es analizar atentamente algo, y eso es lo que hago yo; veo la realidad, la analizo y luego hablo de ella - La solté y me fui lentamente hacia la puerta.
- ¿Te vas ya? No te vayas por favor,...
- Solo vine a decirte que no te quiero, que las cosas no salen siempre como a uno le gustaría...
Una pequeña gota brotó de su ojo.
- ... pero recuerda, igual que las cosas cambian a mal, pueden cambiar a bien. Lo bueno de la vida es imprevisible.
Y dejé a una pobre chica sollozando sin consuelo, pero con la esperanza plantada en el corazón.

viernes, 6 de mayo de 2011

Nota a pie de página:

Conseguí conquistarla gracias a que prometí revelarle mi secreto a la mañana siguiente.
Nos fuimos juntos a su casa en un impecable Seat León rojo y allí pasamos la noche, compartiendo calor e ironías. A las seis de la mañana me quedé dormido. Por aquel entonces ella aún insistía en seguir besándome el cuello, pero yo estaba  demasiado cansado como para claudicar ante las mocedades que le rondaban la cabeza.
Cuando desperté ella estaba a mi lado, desnuda y dormida. Tenía morenos mechones esparcidos por la cara y una mano sobre mi ombligo. Me fui sin despertarla, arropándola cuidadosamente para que no cogiese frío.
Le dejé en la mesilla de noche una nota con mi secreto: No tengo nada que ver con Pablo Mármol. Gracias por tu ingenio y originalidad a la hora de interesarte por mis parentescos.

Y me fui de la habitación dando un portazo.

jueves, 5 de mayo de 2011

Lo que te dije aquella noche al oído.

Nuestra historia es para quinceañeras aunque yo no sea un tipo moreno, cachas y con moto. Soy más bien pajizo (tal y como mi propia madre me describe), con un estúpido remolino en la parte derecha del pelo y esa cara de tonto que no puedo evitar poner cada vez que estás conmigo. Ni siquiera tengo moto, ni coche, ni bicicleta, aunque si unos firmes dedos de los cuales puedes agarrarte tantas veces como quieras: te llevaré, si me lo pides, a lugares donde ningún vehículo podría transportarte. Tengo un viejo móvil que no sé muy bien si sirve para llamar o más bien es una arma arrojadiza; tengo los pies pequeños (cuando me vale un 40 hay fiesta en casa), las manos enanas y el cuerpo endeble; te resultará arduo y afanoso encontrar un músculo marcado a lo largo de mi torso o mis brazos. Y lo siento. Te pido perdón por ello. Sé que toda mujer sueña con el guaperas de turno, para vivir la historia de amor más bonita jamás contada y enamorarse de un cuerpo y un alma inigualable. Pero yo no lo elegí, nací así y punto. Yo solo quiero que te enamores de todo aquello que hay en mí y he podido elegir, de lo que hago o digo, de lo que escribo, de lo que pienso. De todo aquello que siento, de cómo te miro, de cómo te hablo, de cómo te callo. Porque el cuerpo es efímero, y el amor hacia él lo será también, pero los sentimientos son manchas imborrables que, una vez que te quedas impregnado con ellas, se quedarán en ti por siempre.

domingo, 1 de mayo de 2011

Para ti, porque odias el francés:

Et encore je cherche la question inaudible dont la réponse est un baiser.
(Todavía busco la pregunta inaudible cuya respuesta es un beso)