Soledad no es mi madre, ni mi abuela, ni mi tía, tampoco es mi hermana o una amiga de la infancia, es un sentimientos doloroso que emana del corazón ante la sensación de abandono. No conozco a nadie que no lo haya sentido nunca. También es verdad que yo no conozco a mucha gente comparado con todos los habitantes que pueblan la tierra.
Pero ayer (cayendo ya la noche, con la mirada perdida, viendo bancos solitarios y calado por una lluvia intensa) me aventuré a pensar en el pasadizo sin salida de la soledad; esa ausencia de un oído que te escuche o una mano que bordee tu hombre estrechándote con fuerza; el hecho de que todo lo que tengas sea nada. Y me sentí como tal, como un barco a la deriva que no llega a ningún puerto, tirado en mitad de la calle viendo a los coches correr apesadumbrados, solo, abandonado y muerto de frío. Pero a ellos eso no les importa. Ellos están preocupados porque llegan tarde a cenar, o vuelven a casa tras varios días sin ver a sus padres; ninguno de ellos se fija en ese joven que esta sentado en un resquicio de un portal, mirando al suelo para no ver a nadie.
- ¿Qué me cuentas?
Hablar con mi reflejo en un charco no fructifica. El viento mueve el agua creando pequeñas olas que no hacen más que difuminar mi imagen pero ni rastro de una respuesta. Qué triste es la noche cuando uno está solo. Suerte que los sentimientos son la plastilina de la vida: moldeables y sin una forma fija (cuidado con descuidar la plastilina del amor, ésta puede secarse y volverse dura. A este nuevo material se le llama odio). Menos mal que existe algo que puede hacerme olvidar el concepto de soledad. Y entonces me convierto en esos hombres que pasan rápido en sus coches. Soy uno más de esos despreocupados viandantes que no miran al pobre chico que está solo y triste. Pero bueno, ella quiere que le coja de la mano; luego me mira y me embelesa. Y una vez ya hipnotizado con sus encantos, llega el momento en el cual me besa y me lleva al lugar donde la soledad no es más que un sentimiento ignominioso que la gente ya ha olvidado.
No hay comentarios:
Publicar un comentario