miércoles, 22 de septiembre de 2010

Sueños que se hacen realidad.



Mi última oportunidad corría entre sus ojos como un rio dorado que iba a parar a sus parpados, cayendo lentamente por sus rosados pómulos hasta más allá del final de su rostro.
Mis palabras eran ineficaces; no había modo alguno de consolarle. Creo que era demasiado orgullosa; incluso se atrevió a decir que todo iba mal. Para mi no iba del todo mal. No sabía donde estábamos, supongo que en la periferia de la ciudad, ella algo llorosa, sentada junto a mi, acurrucada entre mis brazos y conteniendo la respiración ¿Dónde estaba lo malo?
Yo tenía ganas de que su consuelo fuera un beso que emanase de mi boca... ¡Pero ella estaba tan triste! Ni siquiera le consolaban mis besos en las mejillas, ni mis finos dedos escurriendo gotitas de lamento de sus ojos. Hasta que por fin me atreví a preguntarle qué era lo que le pasaba. Dudó en contestar, esperó hasta que se le pasase un poco el berrinche y mirándome a los ojos pronunció dos palabras que se salieron de mis afanosos pronósticos de respuesta: " te quiero". Que delirio, que imprevisibilidad; ¡que me pellizquen si estoy soñando! Mejor no me pellizques, déjame besarla antes de volver a la realidad.

domingo, 19 de septiembre de 2010

Mi cuerpo es de plástico si ella se contonea.



Mi cuerpo es de plástico y cuando ella baila, mis deseos brotan por mi piel queriéndome arrastrar al pecado, me empujan hasta más allá de lo permitido, me invitan a la fricción bendita.


Mi cuerpo es de plástico y cuando ella baila, el amor es un sentimiento patente, un sentimiento capaz de ningunear al sexo, a la pasión, al frenetismo. El  amor se convierte, entonces, en la razón del máximo placer.


Mi cuerpo es de plástico y cuando ella baila, mi plasticidad se entumece paulatinamente, se rasgan mis sustentos, se apagan mis sentidos y como por arte de magia, no puedo evitar precipitarme sobre sus labios.

Mi cuerpo  es de plástico y cuando ella baila, se me entrecorta la respiración, se me extasían los sentidos. Es el preciso instante en el que se dispara mi felicidad, me chirrían los pensamientos comunes, y mi mente abandona lo esotérico para adentrarse en lo complejo. Mi poco sentido común quisiera parar el tiempo, que ella me bailase eternamente, que besase mis labios de plástico para siempre, bajo una multitud de segundos con ritmo. Sería, para mi anodina vida, ese fulgurante instante que marcaría un antes y un después. Mi plasticidad es engañosa, eso lo sabe todo el mundo, soy de aire si ella lo pide.

miércoles, 15 de septiembre de 2010

No conozco a ningun error cansado de perseguir a una persona:

Cómo puedo decirlo, cómo puedo expresarlo, cómo puedo hacer de mis palabras un legado inoportuno que me sirva para enmendar los errores del presente y del pasado; esos errores que mi memoria histórica intenta olvidar para redimirlos, pero que existen y son inevitables. El problema reinante en mi mente son mis cavilaciones, esas que viven y me persiguen eternamente, como un fantasma del pasado que se cuela por cada recoveco de mis pensamientos presentes. Si aun tengo oportunidad alguna de pedir perdón por mis males cometidos, o si tal vez pudiera tener lo que quiero arrepintiendome por aquello que erré, me gustaría conseguirlo. Juro solemnemente que no seguiré siendo el perfecto estereotipo de lo que se conoce como un capullo.
Aunque la verdad es que, pensandolo bien, creo que casi todos los errores que ha habido a lo largo de mi vida han sido meras anécdotas sin importancia, estoy seguro de que solo he cometido dos errores graves en mi vida: el primero fue enamorarme de ti. El segundo no poder olvidarte.

jueves, 9 de septiembre de 2010

domingo, 5 de septiembre de 2010