martes, 19 de julio de 2011

Mi aventura sin ti,

Cierto día, casi sin darme cuenta, mi vida dio un vuelco de trescientos sesenta y un grados.
Se me cayó el mundo. Se me cerró el cielo. Caí del estado de Nirvana como quién levanta la mano diciendo " taxi ", como quién sonrie por no llorar.
Ante tales hechos, no enloquecí. Por suerte, no lo hice. Eso me dije cierta mañana, me levanté, me relajé y pensé: " todo irá mal, pero al menos no estoy loco". Cuando quise darme cuenta ya había caido la noche y estaba solo, en medio de la calle, cogiendo carrerilla para cabecear un buzón de correos. Si, bueno, cada uno gasta su tiempo libre como quiere. Estuve dos horas inconsciente, acurrucado junto a mi amarillo agresor, sin nadie que me ayudase. Cuando desperté me dolían los nudillos. La verdad es que había gastado la tarde dando puñetazos a todo ser inerte que me encontraba por el camino: puertas, paredes, ventanas, grifos (no os lo aconsejo)...
Peor me fue al día siguiente, si cabe. Mi madre se preocupó por mí y me dijo que me fuese a dar una vuelta para que me diese un poco el aire. No había dado ni tres pasos cuando me entró la locura: mis piernas querían correr y las deje, mi voz quería gritar y se lo permití, causé un caos entre la muchedumbre que me miraba con rostro contrariado, por un lado asustado y por otro compasivo con tal joven enloquecido.
Cuando volví a casa decidí que ya había besado a suficientes mujeres a lo largo de mi vida y me propuse un experimento. Quería descubrir qué podía resultar más peligroso: si besar a féminas anónimas o lamer enchufes. Justo entró mi madre en mi habitación cuando me encontraba encorvado hacía un enchufe, lengua fuera y ojos bizcos, dispuesto a tirar adelante con mi experimento.
Mi madre me dijo que estaba loco. Y yo le dije que estaba de acuerdo.
Con el tiempo incrementé mis locuras.
Pero por muchas locuras que hice ninguna llegó a ser tan arriesgada como la de amarte.

sábado, 16 de julio de 2011

¡Attention!

Lo que no nos cuentan de París es que el Senna huele mal. Tampoco nunca nadie se ha dado cuenta de ello porque la gente camina por la ciudad pensando en los Campos Eliseos o en la Torre Eiffel sin pararse a contemplar el extenso río.
A mi me ha pasado miles de veces lo mismo. Quedarme prendado de una cara bonita, de un rostro angelical, sin haberme parado a oler el dulce aroma de la maldad que se respira tras su buena apariencia.

lunes, 11 de julio de 2011

Le compte à rebours est lancé.

Y ahora me haces doblar el espinazo para alcanzar una palabra ya olvidada. Ésta palabra tiene cinco letras, tres vocales distintas, y un significado punzante para el corazón.
No recuerdo muy bien qué día descubrí éste ancestral vocablo, supongo que mucho antes de entender lo que significa la palabra amor o el sentir que dejan palabras como amistad, compasión, empatía o comprensión. Porque uno llega al mundo distante de los conceptos más nobles de la vida, pero siempre unido a la palabra que me refiero en cuestión, a ese decaer incontrolado de la confianza: el miedo.
Cuando en mi resuello hay dejes que suenan a tu nombre, oigo la violenta risa del tiempo eterno conquistando mi mente con un gesto de vehemencia marchita. Porque hoy es un día cualquiera, uno más en el que decirte buenos días y llevarte a dormir con un buenas noches, un día en el cual hay intransigencia en mis deseos y pensamientos, y me estoy llenando de ese angustioso miedo que hace que uno se entrevea asomado a un abismo caótico. Lo digo por los días que aún te tengo aquí, porque los mismos empiezan a poder contarse con los dedos de una mano; una cuenta atrás que para mí representa una locura incontrolable, un pesar: ya no queda casi nada para decirte adiós, casi nada para no poderte decir hola. Y luego seré yo el que hablará con los espejos, el que acabará vacío, como tu voz en primavera.